Universidad de Sevilla, España
Recibido: 12/02/2025 | Aceptado: 03/06/2025
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Con el presente texto se pretende ensalzar la producción del artista sevillano Francisco Cortijo (1936-1996), analizando una de sus facetas más destacadas: el autorretrato. Si bien mediante el estudio de estas piezas, construidas a partir del sarcasmo y la política, se obtiene una clara visión de su evolución plástica, además, también arrojan luz sobre una personalísima percepción de la difícil realidad que corría en la España de los dos últimos tercios del siglo XX. Indudablemente, la producción de Cortijo, siempre ligada a su época, merece ser puesta en valor como una de las obras más comprometidas del panorama cultural sevillano, mediante la cual el artista alzó la voz. Este eco adquirió un interés especial en las piezas que aquí se analizan, en tanto que significaron toda una declaración por parte del pintor, representándose como un hombre de su tiempo. |
Pintura española Siglo XX Comunismo Estampa Popular Sátira Denuncia |
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The aim of this text is to highlight the work of the Sevillian artist Francisco Cortijo (1936-1996) by analysing one of its most outstanding facets: the self-portrait. Through the study of these works –constructed through sarcasm and political commentary– a clear vision of his artistic evolution emerges. At the same time, they shed light on a deeply personal perception of the difficult reality experienced in Spain during the final two thirds of the twentieth century. Undoubtedly, Cortijo’s production, always closely linked to its historical context, deserves recognition as one of the most politically engaged bodies of work within the Sevillian cultural landscape, through which the artist raised his voice. This expressive resonance is particularly evident in the works analysed here, as they constitute a powerful statement by the painter, who portrays himself as a man of his time. |
Spanish Painting 20 th Century Communism Estampa Popular Satire Denunciation |
Cómo citar este trabajo / How to cite this paper:
Giráldez Torres, Lucía. “Humor y política: los autorretratos del pintor Francisco Cortijo (1936-1996).” Atrio. Revista de Historia del Arte, no. 32 (2026): 308-326. https://doi.org/10.46661/atrio.11630.
© 2026 Lucía Giráldez Torres. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0. International License (CC BY-NC-SA 4.0).
Trinidad Francisco Cortijo Mérida (Sevilla, 1936 - Madrid, 1996) fue un artista sevillano marcado, en todo, por la historia española. Nacido y criado en el seno de una sociedad de postguerra paupérrima y dictatorial, desarrolló una trayectoria artística basada e influenciada por los sentimientos políticos de izquierda arraigados en su hogar. Fue un hombre de buen carácter y muy familiar, con tan buen humor que ni él mismo se libró de la sátira en sus autorretratos. Su inquietud e inconformismo le llevaron al camino del arte como voz expresiva, a la que no se pudieron interponer ni la pobreza de la postguerra ni el régimen franquista.
Ciertamente, se trató de un artista comprometido, imbuido en su tiempo, de cuya existencia hoy nos quedan escasos escritos en la historiografía. En este sentido, la primera publicación que recogió profundamente las noticias biográficas, plásticas y estéticas del pintor Francisco Cortijo fue la realizada por José Raya Téllez [1], editada por la Universidad de Sevilla como culminación de sus estudios doctorales. Más allá del citado texto, existieron menciones [2] y catálogos expositivos que recogieron la genialidad de este autor, destacando, por ejemplificar, los escritos de Noemí de Haro [3] dedicados al grupo Estampa Popular, el cual constituyó, a su vez, la temática central de la exposición que comisarió recientemente en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo hispalense [4]. Con todo, dada la actualidad presente en la obra de Francisco Cortijo y el contenido humorísticamente político de su producción, discurso aun perceptible en nuestro tiempo, con el presente artículo se pretende ensalzar la personalísima estética contenida en sus pinturas, desengranando las particularidades y las claves sarcásticamente simbolistas de sus autorretratos [5].
Como podría resultar natural, la evolución de su propia percepción se vio íntimamente ligada a los sucesos de su vida, dependieran o no de sí mismo. Como sucede en la trayectoria vital de cualquier ciudadano o ciudadana de una sociedad compleja, el componente político condiciona directamente a su vivencia, pero esta se puede ver agravada o aliviada por las propias circunstancias históricas, económicas, culturales e, incluso, sentimentales del individuo. En el caso de Francisco Cortijo, la política contó con un gran peso en su existencia y, por lo tanto, también en su experiencia vital, en un alambicado y quebradizo contexto social.
De esta forma, los primeros pasos formativos del artista comenzaron en las clases de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, a las que acudió con su hermano Bernabé. Posteriormente, y tras un breve periodo ayudando en la barbería de su padre, ingresó entre 1947 y 1948 en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla, en la que recibió la enseñanza del pintor Rafael Cantarero [6]. Más adelante, con tan solo catorce años, se decidió a continuar sus estudios artísticos introduciéndose en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, cuyo aprendizaje terminó en 1954, con dieciocho años, acompañado de un descontento total [7]. De hecho, esta insatisfacción se prolongaría en el tiempo, fundamentalmente, por vastas diferencias en sus respectivos fundamentos estéticos y sociales [8].
No obstante, su imparable espíritu, ansioso de expresión y libertad, común en toda su generación, le llevó al rechazo de los modos tradicionales del arte, así como de los métodos pedagógicos y de la estética académica. En esta línea, su arte comenzó por evolucionar como una “pintura salvaje”, como así la definió él mismo [9]. “Salvaje” también sería un buen adjetivo para definir la personalidad de Cortijo, rasgo que se deja percibir en toda su obra. También le definió la determinación y la solidez de sus ideales, que aparecieron en cada extensión de su expresión artística. Es bien sabida la relación política que Cortijo guardó con las tendencias comunistas y socialistas que proliferaban en la Sevilla de mediados del novecientos. Completamente comprometido con el movimiento obrero, el rojo conformó un elemento verdaderamente identitario, presente en la mayoría de sus autorretratos.
Así, a lo largo de su producción, fueron numerosos sus autorretratos, fundamentados por dos elementos básicos: el humor satírico y la política socialista. En ellos se mostró de una forma transparente, por la que nos permitió acceder a conocer su pensamiento y su filosofía de arte y vida. La naturalidad que se desprende de sus autorretratos aún se aprecia en el cariñoso apelativo que frecuentemente se utiliza para referirse al artista: “Paco” Cortijo. Así fue como habitualmente se le conocía, perviviendo en las irónicas y familiares semblanzas de su personalidad a las que nos dejó acceder mediante sus autorretratos.
Si bien el retrato fue un importante género en la obra de este pintor, por los que, generalmente, representaba con emoción, expresividad y crítica los semblantes de familiares y amigos, lo cierto es que el autorretrato también le acompañó durante toda su trayectoria personal y profesional. Curiosamente, en ellos, se reconoce la evolución de su lenguaje plástico y estético, así como el estado moral que atravesaba el autor. Sin lugar a duda, se trataron de retratos transparentes, en ocasiones psicológicos, que dejaron ver la humildad y el buen humor de Cortijo [10]. Reiteradamente, lo cultivó en casi todas las técnicas que manejó, en su mayoría de manera autodidacta, exceptuando la cerámica. De esta manera, existen autorretratos realizados en óleo, acrílico, aguafuerte, litografía, grafito y cera. Con el objetivo de establecer un claro análisis del desarrollo formal, estético y biográfico de los autorretratos de Francisco Cortijo, a continuación, se expondrá un detallado estudio de las diferentes piezas que compusieron su trayectoria artística.
Con la edad de 19 años, el primer autorretrato conocido del artista se fecha en 1955 [11], perteneciente a su primera etapa estilística, entre 1952 y 1960, según las establecidas por el doctor José Raya Téllez [12]. Delineado levemente en blanco sobre un fondo completamente repleto de gestuales líneas de ceras amarillas y azules, conformando un confuso fondo, Cortijo se representaba en la volumétrica figura de un hombre sentado, posicionado en tres cuartos. Parece contar con una indumentaria oficial, de la que destaca lo que parece ser una boina de un intenso rojo. La estética contenida en esta obra, completamente opuesta a la de la Academia, presenta características de vanguardia, fruto de inconformismo, como una especie de desafío ante la sociedad artística sevillana, la cual todavía seguía anclada en el siglo XIX. La composición y lo expresionista de su rápida realización denota un talante joven, libre y, sobre todo, rompedor. En él experimentaba con una nueva técnica: quemaba colores de cera o directamente las aplicaba ardiendo en el lienzo [13]. Al respecto, Federico J. Ontiveros [14] escribía: “Necesitaba pintar a prisa, vivir todas las técnicas, desintoxicarse de los academicismos”.
Quizá, la llamativa mancha roja que conforma el tocado de Cortijo remita a las relaciones con el Partido Comunista Español que comenzó a entablar en estos años. No sería extraño, conociendo la férrea identificación “roja” que mantuvo hasta su muerte. Sería solamente el principio de una práctica crítica muy habitual en su obra. De hecho, llama la atención que sea el único símbolo identificable en todo su autorretrato. Ningún rasgo fisionómico de la figura, conformada solamente por un leve dibujo, se puede considerar como algo característico del artista. Únicamente se le puede relacionar el color rojo, con sus connotaciones políticas, a su personalidad, faceta que desarrollaría plenamente en el futuro.
De su siguiente etapa, establecida por Raya Téllez entre 1960 y 1966, no existen autorretratos. En estos años, se dedicó profundamente a la actividad de Estampa Popular[15], grupo comprometido con la difusión de un arte de denuncia social cercano al pueblo, de fácil comprensión, elaborado con linóleo o xilografía [16]. De una manera elocuentemente ilustrativa, Bozal definió el arte de este grupo como “expresionismo de temática rural” [17]. Por su parte, Francisco Cortijo formó parte del Grupo Sevilla, junto con Cuadrado y Aguilar [18]. Durante sus días en Estampa Popular, se encontró tan imbuido en la causa, que casi no dejó espacio para ningún otro tipo de obras. Por el contrario, se basó en la elaboración de grabados o dibujos, de una iconografía expresionista y mordaz sobre temas en relación con la pobreza del pueblo dedicado a los sectores primarios. Ciertamente, su producción en este grupo fue muy abundante, contribuyendo a la revitalización del grabado en España. Aunque se desvinculó de Estampa Popular en el año 1962, su obra siguió manteniendo los mismos aspectos formal e iconográficamente hasta 1966 [19].
El humor y el sarcasmo, por los que es conocida la obra de Paco Cortijo, comenzaron a asentarse en su tercera etapa estilística, establecida por Raya Téllez entre 1966 y 1983. Según el historiador del arte, durante estos años el pintor terminó por desarrollar un estilo propio caracterizado por la ironía, el detalle y la escenografía teatral. Los citados rasgos fueron bien distinguibles en los diversos autorretratos acometidos por el pintor en la década de los setenta, en los que demostró su lado más socarrón y transgresor. Si con anterioridad buscó la potenciación de la expresión mediante la deformación figurativa, en su tercera etapa comenzó a ahondar en formas más realistas. Con estas premisas, desarrolló sus autorretratos mediante el aguafuerte, el óleo y la litografía.
En 1973, Cortijo se autorretrató bajo el título Autorretrato con sombrero de rico para ver si me gusta la monarquía (Fig. 1). Aunque la designación de este aguafuerte resume la intención irónica del artista, más transmite la expresión satírica con la que se representó. Sentado y posando a la usanza de entonces, parece representarse enteramente como una caricatura, tanto formal como psicológicamente. Destaca sobre todo el gran nivel de detalle desarrollado en la cabeza con respecto al resto del cuerpo, simplemente delineado, como si estuviera inacabado. Ello puede remitir al gran mundo interior que albergaría concentrado en su mente, siempre inquieta y reivindicativa. De hecho, aunque no se encontrara escrito el título, definitivamente sabríamos que alguna causa humorísticamente política se escondería tras el sarcasmo de su sonrisa. El mensaje crítico nunca desapareció de la obra de Cortijo, solamente se hizo menos evidente.
Fig. 1. Trinidad Francisco Cortijo Mérida, Autorretrato con sombrero de rico para ver si me gusta la monarquía, 1973. Aguafuerte. Colección privada. © Fotografía: https://franciscocortijo.com/autorretrato-sombrero-rico-ver-me-gusta-la-monarquia/.
En esta línea, resulta interesante otro aguafuerte en el que el pintor se autorretrató un año después (Fig. 2). Del mismo modo que en el referido anteriormente, Cortijo experimentó con la inconclusión del cuerpo dejando a la vista parte del proceso creativo. En esta ocasión, se nos presenta con lo que parece ser una máscara, ataviado con una túnica levemente esbozada, mientras que toca una flauta. Es una representación un tanto arcaica, seguramente influenciado por el arte antiguo grecolatino y las máscaras de las que bebió la obra de Picasso y de tantos otros artistas de la vanguardia. En cualquier caso, no es ningún autorretrato común en la producción de un artista académico de su época. Por el contrario, riéndose de sí mismo, Cortijo siguió protagonizando e identificándose con la sátira, reconociendo en ella una ambivalente herramienta no solamente de agudeza y jovialidad, sino también de mordaz crítica.
Fig. 2. Trinidad Francisco Cortijo Mérida, Autorretrato, 1974. Aguafuerte. Colección Parlamento de Andalucía. © Fotografía: https://franciscocortijo.com/autorretrato-26/.
En los siguientes años, el artista no se separó de la chistera con la que se retrató por primera vez en 1973 [20]. Dos años después, también en aguafuerte, posó desnudo llevando solo y exclusivamente el sombrero “de rico”. Como en los anteriores ejemplos, su postura se mostraba natural, sedente, con las manos entrecruzadas sobre el regazo. Lo cierto es que esta disposición de sus figuras fue reiteradamente utilizada por Cortijo durante esta etapa, desprendiendo y combinando sencillez y crítica. De hecho, correspondiendo con estos años, existieron retratos con títulos como ¡Coño, creo que me estoy volviendo monárquico!, ¿Cómo será la democracia? o Ya vendrán tiempos peores. Asimismo, durante estos años fue persistente el riguroso desarrollo de los rostros de sus personajes, dejando el resto levemente esbozado. Teniendo en cuenta el contexto histórico que atravesaba España por entonces, en el que apenas daba comienzo la transición, estos mensajes, acompañados de expresiones sonrientes y composturas relajadas, fueron más que atrevidos. Desde el hartazgo, Cortijo encontró la manera más pacifista de identificarse y denunciar la compleja situación política española: el humor y el sarcasmo sencillo.
Igualmente, las técnicas utilizadas por el artista fueron cada vez más originales. Por ejemplificar, en el mencionado autorretrato acometido en 1975, similar a la pieza que se analizará a continuación, dejó una breve laguna en su rostro, por la que mostró el primer paso que habría de tomarse en el proceso creativo: la división del objeto a representar en una cuadrícula. Para ello, tomaba fotografías de referencia dividiéndolas, igualmente, en secciones cuadradas [21].
Debió sentirse identificado con este modelo de autorretrato, pues lo repitió un año después en óleo sobre lienzo (Fig. 3). En esencia, son prácticamente similares. Si bien el perfil de Cortijo mira hacia a la izquierda en el aguafuerte y en el óleo hacia el lado contrario, teniendo en cuenta que en el proceso creativo del grabado la figura se viraría al pasarla al papel, se podría decir que ambas piezas parten de un mismo concepto. No obstante, el color de esta pintura nos ofrece una interesante información, inexistente en su obra gráfica. En este caso, destacan, sobre todo, las referencias a las banderas de Andalucía y España incluidas en el sombrero. Conociendo su trayectoria y la connotación social “de rico” que le había otorgado a la chistera, se deduce fácilmente que no se trata de un gesto de respeto, sino todo lo contrario. Sin embargo, también podría interpretarse como un gesto de cariño, defensa o abanderamiento de la integridad de su tierra, en combinación con el politizado color rojo. Sea como fuere, en anteriores ocasiones, el sombrero de copa había sido utilizado explícitamente por el artista con el buen sentido del humor que caracterizó a Cortijo, al cual amenizaba la fuerte carga de denuncia escondida en sus obras. El sarcasmo y el contenido metafórico de la chistera pervivió en la identidad del sevillano hasta sus últimos días, retratándose tocado en el mismo año de su muerte, esta vez en una fotografía (Fig. 4).
Fig. 3. Trinidad Francisco Cortijo Mérida, Autorretrato con sombrero de copa, 1976. Óleo. Colección personal. © Fotografía: https://franciscocortijo.com/autorretrato-sombrero-copa/.
Fig. 4. Trinidad Francisco Cortijo Mérida, Cortijo con sombrero de rico, 1996. Fotografía. Colección personal. © Fotografía: https://franciscocortijo.com.
Por otra parte, durante esta etapa inició una original forma de autorretratarse. Mientras que el objetivo tradicional de este género siempre había sido representar en una imagen la concepción propia que un individuo ha construido de sí mismo, a partir de la que solía figurar en solitario o acompañado de un núcleo familiar cercano, Cortijo comenzó a autorretratarse junto a ciertos amigos. Buen ejemplo de ello fue la pieza en la que posó con su colega pintor Enrique Delgado [22]. En ella, aparecen sedentes, con los brazos entrecruzados y ataviados con atuendos satíricos, como si se despojaran de sus respectivas personalidades para adoptar el papel de otros sarcásticos personajes. Ambos posan con diferentes tocados de carácter casi burlesco ante un telón negro que nos remite a un escenario teatral. Esta sensación es fomentada por la expresión con la que se presentan los artistas, un tanto irónica, ante la situación sarcástica creada, casi completamente, por la elección de estos sombreros: para Delgado una especie de embudo y para Cortijo un casco militar. De nuevo, bajo este ambiente de chanza, desprendida por la punzante presencia de los pintores, se esconde un mensaje crítico dirigido al servicio militar. Lo cierto es que esta fue una de las peores experiencias en la vida del sevillano, por lo que no quedó exento de ser objeto de denuncia en su obra. De alguna manera, mediante la escenografía y el disfraz, ambos artistas se unieron en una misma concepción personal, fundamentada en el fervor político y la crítica humorística. En realidad, no se trató de un retrato de dos artistas, sino de la representación de una causa en común, una ideología que unió la identificación de Cortijo y Delgado.
Prosiguiendo en la carrera profesional de Francisco Cortijo, durante los siguientes años, su autorretrato fue virando hacia un carácter más intimista y riguroso. Los inicios de estas nuevas tendencias comenzaron a reflejarse en sus trabajos para el Taller de Litografía y Calcografía que fundó en 1976. En él, el pintor enseñó a artistas como María Manrique, Mercedes de la Gala, Félix Cárdenas, Manolo Castaño, Rosa Ricca, Paco Reina, Margarita Sierra y José Pedro Ruiz, tratando de cubrir las carencias de las enseñanzas oficiales [23].
De estos comienzos fue ejemplo el autorretrato realizado en grafito en el año 1981 (Fig. 5). Paco Cortijo se nos presenta con un semblante totalmente diferente, despojado de humor y sin rastros de visos políticos. Por el contrario, mostró más énfasis en el detalle, llegando a unos niveles de verismo de gran virtuosidad. En cuestiones técnicas, llevó aún más lejos el non finito anteriormente practicado. Ya ni siquiera esbozó por completo su cabeza, sino que, en cambio, se centró enteramente en la representación de parte de su rostro con el mayor rigor posible. Lo que resulta más sorprendente es que, a primera vista, no parece un retrato inacabado. Quizá, ello se deba a la expresividad que el artista supo contener en las mínimas facciones desarrolladas.
Fig. 5. Trinidad Francisco Cortijo Mérida, Autorretrato, 1981. Grafito. Colección privada. © Fotografía: https://franciscocortijo.com/autorretrato-10/.
Estas novedades técnicas fueron reiteradamente practicadas por Paco Cortijo en su siguiente etapa, establecida por Raya Téllez entre 1983 y 1994. A inicios de la década de los ochenta, tras la muerte del dictador y en plena transición democrática, el artista se sumió en una crisis estilística. Por entonces, comenzó a buscar nuevos recursos plásticos que terminaron por alejarle del sosiego de su última producción, asistiendo a una verdadera explosión de color en su pintura. Curiosamente, un componente de gran importancia para la resolución de esta crisis fue la docencia que comenzó a impartir en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, a partir del año 1983 [24].
Mientras que su pintura entonces comenzaba a ser más gestual, colorida y espontánea, su producción en el dibujo a principios de la década de los ochenta fue muy diferente. Esta técnica la dedicó casi en exclusiva al retrato de su universo familiar. Los autorretratos de Paco Cortijo entre 1982 y 1983 en grafito fueron numerosos y conforman una evolución estilística interesante. Fueron piezas más rápidas, de dibujo menos cuidado, pero sin faltar al realismo de sus encarnaduras (Fig. 6). En un principio, prosiguió centrando su atención en uno de sus perfiles, mostrando trazos más movidos en consonancia con el estilo que fue desarrollando en pintura. En otro ejemplo, se observa incluso mayor rapidez en el perfilado, tendiendo cada vez más a la esquematización de sus rasgos faciales, a los que anteriormente tanta atención le había dedicado. Todo este proceso de experimentación en el dibujo de Paco Cortijo derivó hacia una serie de retratos casi marmóreos. Entre las numerosas obras dedicadas a su mujer Lola, también se encuentra un autorretrato. Sobre estos dibujos, Andrés Amorós escribió: “En sus dibujos, las cosas son, más sencillas y más complicadas. Renuncia a la anécdota banal, al ‘salvavidas’literario, al guiño de la publicidad. Nada de eso: rigor, exigencia, arte de la visión clara y de la inteligencia lúcida” [25].
Fig. 6. Trinidad Francisco Cortijo Mérida, Autorretrato, 1982. Grafito. Colección privada. © Fotografía: https://franciscocortijo.com/autorretrato-18/.
En efecto, todo el carácter sarcástico e incluso humano se esfumó de la producción retratística de Cortijo de estos años. Fueron autorretratos en los que el artista ahondó en lo psicológico, probablemente en relación con la crisis estilística, identitaria e ideológica que vivía. Curiosamente, no existen más autorretratos de este corte serio y reflexivo más allá de 1983, cuando inició la terapéutica docencia en la Facultad de Bellas Artes madrileña.
Ya en 1989, Cortijo se autorretrató rompiendo con todos los modos anteriormente comentados (Fig. 7). Dos elementos sí resultan familiares: la técnica del aguafuerte y la representación de la chistera. Se presenta con graves contornos y un profuso sombreado que construye volumétricamente su rostro. Tocado con el sombrero de copa, nuevamente comenzaba a recuperar la imagen irónica de sí mismo.
Fig. 7. Trinidad Francisco Cortijo Mérida, Autorretrato con chistera y modelo, 1989. Aguafuerte y calcografía. Colección privada. © Fotografía: https://franciscocortijo.com/obra-de-prueba/.
Lo novedoso es lo siguiente: sobre la efigie del artista se superponen los contornos de tres perfiles sumamente esquemáticos. Parece ser una experimentación de tintes cubistas sobre la visión simultánea de tres perspectivas de su rostro. Este recurso fue ampliamente usado por Cortijo en la pintura de 1991, por lo que podemos pensar que este autorretrato podría haber funcionado como ensayo.
Sin lugar a duda, el hito que marcó su vida y que determinó la vuelta definitiva al Cortijo reivindicativo e irónico fue el nacimiento de su primer nieto Adriano en el año 1989. Este acontecimiento terminaría por brindarle la alegría, la vida y la seguridad que determinaría la creación de unas visiones tan tiernas de sí mismo, sin olvidar, cómo no, la crítica política. De hecho, el niño y el abuelo fueron los protagonistas de numerosos retratos en una serie antibelicista dedicada a la Guerra del Golfo, expuestos entre abril y mayo de 1991 en los Reales Alcázares de Sevilla bajo el título El Nacimiento de Adriano. Pinturas de Francisco Cortijo[26]. Fueron pinturas llenas de colorido fauvista, gestualidad y evidentes elementos de denuncia hacia la guerra. En medio de este caos histórico, el abuelo, como en un juego infantil, se representó con un agridulce disfraz de arlequín acompañado de su inseparable chistera [27]. Su sonriente actitud resulta naif, en contraste con los mordaces mensajes lanzados y los celajes casi ensangrentados.
En ocasiones, Cortijo dialoga con su nieto de manera cariñosa. Sin embargo, el contenido de la conversación es, cuanto menos, crudo: Ya no podré llevarte a la tierra prometida (Fig. 8). Raya Téllez refiere que la mencionada tierra prometida podría ser la sociedad igualitaria soñada por Cortijo, socavada por la imposición del capitalismo.
Fig. 8. Trinidad Francisco Cortijo Mérida, Ya no podré llevarte a la tierra prometida, 1990. Acrílico sobre lienzo. Colección privada. © Fotografía: https://franciscocortijo.com/ya-no-podre-llevarte-la-tierra-prometida/.
Como contrapunto al san Cristobalón anteriormente comentado, también hubo cabida para el temor en representaciones como Mientras pensaba en Picasso[28] o Adriano¿dónde podremos ir?[29], en los que parece huir con la ausencia de su nieto en brazos. Interesantísimas son las alusiones a Picasso, influencia que ya había mostrado en obras de los setenta. Aunque en esta ocasión son muy evidentes por la presencia de un arlequín y un bodegón cubista, la visión simultánea de su rostro ya lo ensayaba un año antes. Parece como si su propio perfil fuera una máscara de la que se esconde un rostro sonriente y naif, como la inocencia del horror.
El mordaz criticismo de estas coloridas obras disminuyó, en cierta medida, con el nacimiento de su segundo nieto, llamado Trajano. Con él, se autorretrató en dos ocasiones, resultando la más interesante la realizada en 1992 (Fig. 9) como estudio para la obra titulada Hijo mío: son los mismos perros con distintos collares[30]. Curiosamente, como en el autorretrato realizado en 1975, anteriormente analizado, incluyó directamente parte del proceso creativo, por el que dejó entrever el procedimiento por el cual copió la figura de Trajano a partir de la división en cuadrícula de una fotografía. De nuevo, con su chistera y ataviado con el pijama con el que pintaba, Cortijo le traslada un polémico mensaje a su nieto, en relación con la difícil situación política que España aún atravesaba tras la transición democrática [31]. Aun cuando reinaba el colorido, el disfraz e incluso lo naif, la obra del sevillano nunca estuvo exenta de reivindicaciones ocultas.
Fig. 9. Trinidad Francisco Cortijo Mérida, Autorretrato con Trajano, 1992. Acrílico y técnica mixta sobre lienzo. Colección privada. © Fotografía: https://franciscocortijo.com/autorretrato-con-trajano/.
Mientras tanto y de una manera transitoria, Francisco Cortijo continuó experimentando en sus autorretratos mediante el aguafuerte y la calcografía. Como en el ejemplar fechado en 1990, analizado con anterioridad, el artista siguió ahondando en las influencias picassianas, con la supresión de la perspectiva y el uso de distintos puntos focales [32]. A pesar de que su identificación se hizo mucho más compleja debido a la simplificación volumétrica de sus facciones, atributos iconográficos ya forjados, como sus gafas o tocados como la montera o la chistera, le hicieron plenamente reconocible.
De cualquiera de las maneras, a partir de las obras realizadas con sus nietos Cortijo se representó con un talante más calmado y familiar hasta su muerte. Durante sus dos últimos años de vida, no falto de sarcasmo, practicó el retrato casi en exclusiva. Estos años constituyeron su última etapa estilística, establecida por Raya Téllez entre 1995 y 1996 [33]. Los últimos autorretratos acometidos en este breve periodo, en consonancia con los realizados en la década de los sesenta, se compusieron a partir de una postura frontal y natural, acompañada de recursos sarcásticamente simbólicos, como los disfraces y los tocados que tanto caracterizaron a la imagen del propio sevillano.
En esta línea, ante una considerable disminución de la censura política, el componente principal de los autorretratos realizados en los años 1995 y 1996 [34] fue el humor. Tanto es así, que se presentó como un auténtico payaso hasta en dos ocasiones. No obstante, este componente sarcástico contrastó con las señales del pesado paso del tiempo, perceptible incluso en el desarrollo del pijama con el que pintaba, en los blanquecinos colores y en su propia expresión, rezumantes todos de cansancio. Lo cierto es que estas obras, pertenecientes a los últimos años de su vida, fueron truncadas por su muerte, la cual le impidió darles fin.
A pesar de todo, durante los citados años no faltaron autorretratos llenos de jovialidad y vitalidad. Buena prueba de ello fue la obra que realizó en 1995, sentado en la nada (Fig. 10). En ella, el artista posó delante de un fondo plano, por cuya composición podría recordar a las composiciones de Malevich. Dentro de este no lugar, en conjunción con la neutralidad de los colores de este telón, Cortijo es el principal y único objeto de atención. Para la realización de este autorretrato, probablemente contaría con una fotografía de referencia, recurso habitualmente utilizado en su producción artística [35]. De cualquier forma, aparece ataviado, curiosamente, con prendas llamativas, destacando una gorra roja, en la que se puede leer con claridad la marca cervecera hispalense Cruzcampo. En obras similares, el mencionado rótulo se sustituyó por el símbolo del Partido Comunista de España, elocuentemente también definido por el color rojo.
Fig. 10. Trinidad Francisco Cortijo Mérida, Autorretrato, 1995. Óleo sobre lienzo. Colección privada. © Fotografía: https://franciscocortijo.com/autorretrato/.
Por otro lado, su pose también resulta de tremenda actualidad, puesto que, como si se tratara de una instantánea, posó sonriente elevando ambas manos en signo de paz. Al respecto, el especialista Raya Téllez apuntó que debido al “reclamo publicitario” de su indumentaria, la pintura podría esconder un mensaje crítico por el que se aluda al sinsentido de la sociedad de consumo [36]. Asimismo, todo ello se podría interpretar como el retrato de un hombre inconformista y comprometido, de su tiempo, que traspuso plásticamente lo que hoy se conoce como selfie. En cualquiera de los casos, más que autorretratos físicos, constituyeron verdaderas ventanas por las que se podrá acceder para siempre al jovencísimo espíritu de Paco Cortijo, lleno de ironía, inquietud y reivindicación.
Indudablemente, los autorretratos de Francisco Cortijo conformaron auténticos extractos permanentes y directos de su personalidad. Por ello, las censuras incluidas en sus autorretratos no se deben tomar como elementos simbólicos aislados, sino como un componente integrado directamente en la identidad del sevillano. Finalmente, las circunstancias sociopolíticas en las que se desarrolló su vida determinaron, necesariamente, su evolución profesional y, sobre todo, personal. La postguerra, la dictadura franquista y la transición democrática marcaron definitivamente la existencia de este artista, explicando la agudeza de su compromiso político y la mordacidad de su crítica.
Con todo, el análisis de los autorretratos de Cortijo, fruto de la historia de la España del novecientos, proporciona una enriquecedora y testimonial visión de la época. Escudado en el humor, fue en esta faceta productiva en la que el pintor depositó la impotencia de vivir reflexivamente en tiempos de dureza.
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Guasch, Anna María, y Lacomba, Juan F. 40 años de pintura en Sevilla (1940-1980). Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla, Obra Cultural de la Caja de Ahorros Provincial San Fernando, 1981.
Haro García, Noemí. “Estampa Popular: una actividad política antifranquista.” En ¿La guerra ha terminado?: arte en un mundo dividido (1945-1968), coordinado por Sonsoles Espinós y Ruth Gallego, 155-167. Madrid: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2010.
Mesa, R. “Los cortijos de Francisco Cortijo.” En Francisco Cortijo: Pinturas, catálogo. Málaga: Diputación Provincial de Málaga, 1990.
Ontiveros, Federico J. La pintura de Trinidad Francisco Cortijo. Exposiciones en el Estudio A. Sevilla: Exposiciones Estudio A, 1963.
Quintero Pomares, Sara. “Figuraciones en el cambio de siglo: Pervivencia y desarrollo de la pintura en las dos últimas décadas (1990-2010).” Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2012, https://docta.ucm.es/entities/publication/2399d63c-b018-49b2-8c60-32ee27658d6e.
Raya Téllez, José. El pintor Francisco Cortijo (1936-1996). Sevilla: Universidad de Sevilla, 2000.
Roda Peña, José. “Cantarero Mesón, Rafael (1907-1957).” En Universidad de Sevilla. Personalidades, coordinado por Ramón María Serrera Contreras, 119-120. Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla, 2015.
[1] José Raya Téllez, El pintor Francisco Cortijo (1936-1996) (Sevilla: Universidad de Sevilla, 2000).
[2] El artista fue incluido por Antonio Manuel Compoy en su publicación, describiendo su obra como el resultado “del pavor que intencionalmente representan”. Antonio Manuel Campoy, Diccionario crítico del arte español contemporáneo (Madrid: Ibérico Europea de Ediciones, S.A., 1973), 91.
[3] Noemí Haro García, “Estampa Popular: una actividad política antifranquista,” en ¿La guerra ha terminado?: arte en un mundo dividido (1945-1968), coord. Sonsoles Espinós y Ruth Gallego (Madrid: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, 2010), 155-167.
[4] Francisco Cortijo se encontró presente en nómina artística de la referida exposición, titulada Estampa Popular Sur. Esta tuvo lugar entre el 27 de octubre de 2023 y el 21 de abril de 2024, bajo el comisariado de Noemí de Haro y la coordinación de Javier Corro.
[5] Cada una de las obras traídas en el presente artículo pueden ser consultadas en la web oficial del artista: https://franciscocortijo.com/.
[6] José Roda Peña. “Cantarero Mesón, Rafael (1907-1957),” en Universidad de Sevilla. Personalidades, coord. Ramón María Serrera Contreras (Sevilla: Editorial Universidad de Sevilla, 2015).
[7] Raya Téllez, El pintor Francisco Cortijo, 30-31.
[8] La insatisfacción de pintores con grandes cargas expresivas en su lenguaje artístico se percibe desde los finales del siglo XIX, cuando el pintor Eustaquio Marín Ramos iniciaba una senda crítica contra la Academia de Bellas Artes de Sevilla. Lucía Giráldez Torres, “El pintor Eustaquio Marín Ramos (1873-1938). Apuntes biográficos, relaciones y lenguaje plástico,” Archivo Hispalense CVII (2024): 199-220.
[9] Raya Téllez, El pintor Francisco Cortijo, 105.
[10] Se recomienda Ana María Cortijo, ¡Yo conocí a un hombre de talento…que reía! (Gráficas Orient S.A., 2000), así como R. Mesa, “Los cortijos de Francisco Cortijo,” en Francisco Cortijo: Pinturas (cat.) (Málaga: Diputación Provincial de Málaga, 1990).
[11] El referido autorretrato puede ser consultado en: https://franciscocortijo.com/autorretrato-21/.
[12] Raya Téllez, El pintor Francisco Cortijo, 23-24.
[13] Raya Téllez, 119.
[14] Federico J. Ontiveros, La pintura de Trinidad Francisco Cortijo (Sevilla: Exposiciones Estudio A, 1963).
[15] Al respecto, se recomienda la publicación de Noemí Haro García, comisaria de la reciente exposición Estampa Popular Sur, celebrada en el hispalense Centro Andaluz de Arte Contemporáneo .
[16] Francisco Calvo Serraller, Enciclopedia del Arte Español del siglo XX. El contexto (Madrid : Mondadori, 1992), 156-157.
[17] Valeriano Bozal, Historia de la pintura y la escultura del siglo XX en España II 1940-2010 (Madrid: La balsa de la Medusa, 2013), 211.
[18] Anna María Guasch y Juan F. Lacomba, 40 años de pintura en Sevilla (1940-1980) (Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla, Obra Cultural de la Caja de Ahorros Provincial San Fernando, 1981).
[19] Raya Téllez, El pintor Francisco Cortijo, 131-136.
[20] El referido autorretrato puede ser consultado en: https://franciscocortijo.com/autorretrato-25/.
[21] La mencionada fotografía y otros recursos pictóricos pueden ser consultados en: https://franciscocortijo.com/cortijo-posando-autorretrato-2/.
[22] Raya Téllez, El pintor Francisco Cortijo, 191-192.
[23] Raya Téllez, 55.
[24] Raya Téllez, 243-245.
[25] Trinidad Francisco Cortijo Mérida, Paco Cortijo. Dibujos. Exposición Galería Marta Moore (Sevilla: A. Pinelo, 1992).
[26] Raya Téllez, El pintor Francisco Cortijo, 62.
[27] La figura del arlequín o el bufón ya había sido utilizada por Chema Cobo desde los sesenta, como asimismo fue introducida a partir de los ochenta y noventa por otros pintores como Dis Berlin, Carlos García Alix o el propio Cortijo. Sara Quintero Pomares, “Figuraciones en el cambio de siglo: pervivencia y desarrollo de la pintura en las dos últimas décadas (1990-2010)” (tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2012), 138, https://docta.ucm.es/entities/publication/2399d63c-b018-49b2-8c60-32ee27658d6e.
[28]Mientras pensaba en Picasso, acrílico y pastel sobre lienzo, realizado por Cortijo en 1991, puede ser consultado en: https://franciscocortijo.com/mientras-pensaba-en-picasso/.
[29]Adriano ¿dónde podremos ir?, acrílico y técnica mixta sobre lienzo, realizado por Cortijo en 1991, puede ser consultado en: https://franciscocortijo.com/adriano-donde-podremos-ir/.
[30]Hijo mío: son los mismos perros con distintos collares, óleo sobre lienzo, realizado por Cortijo en 1991, puede ser consultado en: https://franciscocortijo.com/en/hijo-mio-los-mismos-perros-distintos-collares/.
[31] Raya Téllez, El pintor Francisco Cortijo, 272.
[32] Buen ejemplo de ello fue Autorretrato con montera, realizado por Cortijo, en aguafuerte, en el año 1993. Puede ser consultado en: https://franciscocortijo.com/en/autorretrato-con-montera/.
[33] Raya Téllez, El pintor Francisco Cortijo, 287.
[34] Los autorretratos citados, realizados en 1995 y 1996 por Cortijo, ambos en óleo sobre lienzo, pueden ser consultados en: https://franciscocortijo.com/en/autorretrato-22/ y https://franciscocortijo.com/en/autorretrato-23/.
[35] Probablemente, utilizaría una fotografía de referencia como la que se puede consultar en: https://franciscocortijo.com/cortijo-posando-autorretrato/.
[36] Raya Téllez, El pintor Francisco Cortijo, 290.