Universidad de Córdoba, España
Recibido: 29/04/2025 | Aceptado: 30/09/2025
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A partir de una noticia recogida en los Anales de Sevilla de José Velázquez y Sánchez (1872) estudiamos en el presente artículo las circunstancias que rodearon la realización en 1822 de una pintura de tema histórico contemporáneo representando la muerte del primogénito del marqués de Casa Tabares, que Velázquez y Sánchez atribuye a Antonio María Esquivel, y que no aparece reflejada en ninguna biografía o catálogo del pintor. Analizamos aquí las fuentes de Velázquez y Sánchez, así como las circunstancias de la muerte de José Montalvo Curiel y el modo en que sus compañeros de la Milicia Nacional buscaron honrar su muerte a través de una pintura que perpetuara su sacrificio y fuera ejemplo para otros milicianos. |
Trienio Liberal Sevilla Siglo XIX Pintura de historia Pintura contemporánea Antonio María Esquivel |
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Based on a report in the Anales de Sevilla by José Velázquez y Sánchez (1872), this paper examines the circumstances surrounding the execution in 1822 of a painting, whose contemporary historical theme depicted the death of the first-born son of the Marquis of Casa Tabares. Velázquez y Sánchez attributes its authorship to Antonio María Esquivel, though this painting is not mentioned in any biography or catalogue of the painter. The aim of this paper is to analyse both the sources used by Velázquez y Sánchez, the circumstances of José Montalvo Curiel’s death and the way in which his brothers in arms in the National Militia sought to honour his death, which occurred in pursuit of a realist faction, with a painting that would perpetuate his sacrifice and set an example to other militiamen. |
Liberal Triennium Seville 19 th Century History Painting Contemporary Painting Antonio María Esquivel |
Cómo citar este trabajo / How to cite this paper:
Alonso Cabezas, María Victoria. “La muerte de José Montalvo Curiel (1822). Notas sobre una pintura de exaltación patriótica en la Sevilla del Trienio Liberal.” Atrio. Revista de Historia del Arte, no. 32 (2026): 216-232. https://doi.org/10.46661/atrio.11958.
© 2026 María Victoria Alonso Cabezas. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0. International License (CC BY-NC-SA 4.0).
Los Anales de Sevilla de José Velázquez y Sánchez (1872) recogen, entre los acontecimientos sucedidos en la ciudad en 1822, una interesante noticia respecto a la realización de una pintura para honrar la memoria de un joven miliciano. A pesar de que son conocidos los usos de la pintura como herramienta de exaltación patriótica, tanto durante la Guerra de Independencia como en el Trienio Liberal, la noticia de Velázquez y Sánchez adquiere un particular interés debido, fundamentalmente, a dos motivos: el primero de ellos, y el principal detonante de la investigación realizada, es el de la autoría de la pintura, que correspondería a un jovencísimo Antonio María Esquivel. La vinculación del pintor con las causas liberales es conocida, así como su enrolamiento en la milicia en la etapa final del Trienio, pero ninguna biografía ni catálogo de Esquivel recoge datos sobre la actividad de juventud del mismo, ni refleja alusión alguna a esta pintura. En segundo lugar, la realización de la pintura se enmarca en un momento que comienza a marcar el declive del Trienio tras las sublevaciones realistas, y el hecho de que el homenajeado fuese uno de los primeros milicianos sevillanos caídos en persecución de dichas facciones motivó un debate en el propio ayuntamiento de la ciudad sobre cómo se debía proceder en las honras de los caídos por esta causa.
En el presente artículo nos hemos planteado como objetivo rastrear el contexto en que se realizó la pintura mencionada por Velázquez y Sánchez. Para ello, se hace precisa una breve aproximación a la figura de Antonio María Esquivel, no tanto al pintor de éxito en el Madrid isabelino, sino al joven sevillano de 1822, con el fin de evidenciar la escasez de noticias sobre esta primera etapa y sobre las obras que pudo haber realizado. A este aspecto dedicaremos el primer epígrafe, en el que se resumen las principales fuentes (bibliográficas y hemerográficas) que han permitido construir la biografía de Esquivel.
En segundo lugar, se han buscado las fuentes en las que se basó Velázquez y Sánchez para la realización de su crónica, y muy concretamente la noticia que nos interesa, para analizar las adiciones realizadas en los Anales, entre ellas la de la autoría de Esquivel. La escasez de fuentes que aludan a este homenaje patriótico a través de la pintura, más allá de la crónica de González de León, dificulta la investigación, puesto que, como veremos más adelante, la documentación municipal permite corroborar algunos datos, como el heroico fallecimiento de José Montalvo Tabares y el interés por parte de sus compañeros en la Milicia de honrar su muerte, pero no se conservan documentos sobre la Comisión de Milicia, que debatió sobre cómo debía el Ayuntamiento proceder en casos sucesivos.
Finalmente, hemos investigado tanto al propio homenajeado, José Montalvo Curiel, primogénito del Marqués de Casa Tabares, como el origen de dicho homenaje; para ello, las fuentes hemerográficas han sido fundamentales, puesto que en algunos periódicos exaltados, como en El Mensagero de Sevilla, se recogen datos sobre la muerte del joven miliciano y sus circunstancias, algo que nos permite formarnos una idea de la pintura, y sobre el intercambio de correspondencia entre la desconsolada madre del fallecido y sus compañeros de batallón, que juraron inmortalizar su memoria, encargando así la pintura que procesionaría solemnemente por las calles de Sevilla en octubre de 1822.
Antonio María Esquivel (Sevilla 1806-Madrid 1857) es una de las figuras pictóricas más relevantes del romanticismo español, habiendo sido su producción de madurez (especialmente su pintura religiosa) objeto de recientes investigaciones [1], aunque el catálogo de la obra del pintor no haya sido actualizado desde que en 1959 Bernardino de Pantorba buscase completar las lagunas de la monografía realizada dos años antes por Guerrero Lovillo [2]. Al mismo tiempo, su biografía continúa presentando interrogantes [3] que contribuyen a alimentar el mito, fomentado sin duda por el propio pintor, del artista romántico [4]. En el presente artículo nos interesa particularmente su periodo de juventud, al que poca atención se suele prestar por tratarse de una etapa de formación y por desarrollarse fuera del foco madrileño.
Las biografías de Esquivel publicadas en el siglo XIX constituyen el pilar sobre el que se ha reconstruido el relato vital del artista, y su influencia se deja ver en los principales estudios monográficos posteriores, concretamente los de José Guerrero Lovillo, Bernardino de Pantorba y Antonio de la Banda y Vargas. Su primera biografía, publicada en las páginas de El museo de las familias[5], aparece en 1844, justo en el momento en que su carrera termina de consolidarse al ser nombrado pintor de cámara. Teniendo en cuenta el especial esmero que puso Esquivel en la construcción de su imagen pública, ampliamente desarrollada a través de sus autorretratos, cabe pensar que el propio pintor aportó los datos necesarios para construir la imagen de un artista de éxito, omitiendo quizá los que considerase menos relevantes. Esta primera biografía cimentaría la de Ossorio y Bernard en la entrada correspondiente de su Galería biográfica de artistas del siglo XIX[6] y posteriormente las de Guerrero Lovillo [7] y Antonio de la Banda [8]. Obviando las noticias necrológicas de 1857, que recapitulan los datos ya aparecidos en 1844, la siguiente biografía de Esquivel aparecida en el siglo XIX, y la más extensa, se publicó en 1884 en la Revista Contemporánea[9], que sería la que emplearía Bernardino de Pantorba para completar algunas de las lagunas a su juicio existentes en el texto de Guerrero Lovillo.
En términos generales son pocos, sin embargo, los datos que aportan estas biografías sobre la juventud de Esquivel, más allá de su matrícula y estudios en la academia sevillana de nobles artes entre 1816 y 1830 [10], con el correspondiente paréntesis durante el Trienio Liberal, durante el cual participó activamente en la defensa de Cádiz [11]. A pesar de que aún se encontraba en su etapa de formación, entre 1820 y 1830 realizó obras que, aun siendo de calidad muy mediana, le permitieron abrirse un hueco entre la clientela sevillana. Entre las primeras de las que tenemos constancia en colecciones museísticas se encuentran el Retrato infantil del Museo del Prado, miniatura de 1822, y su supuesto Autorretrato de 1824, conservado en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Enrique Valdivieso señalaba, además, haber visto en colección particular sevillana dos pinturas de tema histórico, vinculadas a alguna representación teatral, y que eran compañeras de otras dos que no pudo llegar a ver, datadas en 1825 [12], de las que indica “una debilidad técnica” motivada por la evidente juventud del pintor.
A pesar de estas noticias puntuales sobre obras juveniles de Esquivel, lo cierto es que la primera producción del pintor es prácticamente desconocida. Es en este contexto, en el que nos encontramos con la enigmática figura de un joven pintor relacionado con la defensa del liberalismo, donde parece situarnos José Velázquez y Sánchez al mencionar una hipotética obra que Esquivel habría realizado en 1822 por encargo del batallón de cazadores de la Milicia Nacional sevillana.
Publicados originalmente en 1872, los Anales de Sevilla recogen, narrados por el cronista de la ciudad, José Velázquez y Sánchez, los acontecimientos más significativos de la ciudad entre 1800 y 1850. Entre los que tuvieron lugar durante el Trienio Liberal, nos interesa la defensa contra la sublevación realista en la Serranía de Ronda y otros territorios andaluces, refiriendo una curiosa procesión cívica en la que no se homenajeaba a una de las grandes figuras del liberalismo, como ya había sido el caso del general Riego en 1821 [13], sino a una figura aparentemente poco significativa que él identifica como el marqués de Tabares. Lo más sorprendente de este acontecimiento es la noticia que da de la realización de una pintura por Antonio María Esquivel para ser sacada en dicha procesión cívica antes de ubicarse en su destino final, el cuartel de milicia situado en el colegio de San Alberto (Fig. 1):
Entre los jóvenes milicianos, que de esta ciudad salieron en activa persecución de la partida facciosa de Zaldívar, figuraba el marqués de Tabares, voluntario en la compañía de cazadores del primer batallón de guardia nacional, y en un encuentro de la columna con la facción en la serranía de Ronda pereció despeñado, y resistiendo rendirse a los enemigos que le rodeaban, estrechándole entre las fragosas asperezas de aquel terreno. Al regreso de la compañía de cazadores de su fatigosa expedición, acordaron los camaradas del difunto marqués perpetuar la memoria de su bizarra resistencia, encargando un cuadro que al vivo representara tal suceso al dotado pintor Esquivel, y concluido el cuadro fueron a recogerle en forma de cívica procesión en la tarde del domingo, 20 de octubre, y de la puerta Real, donde moraba el enunciado artista, al cuartel de S. Alberto lo llevaron en carretela descubierta, colocándole en el cuerpo de guardia [14].
Fig. 1. Francisco Manuel Coelho, Plano topográphico de la M. N. Y M. L. ciudad de Sevilla (detalle), 1771. Biblioteca Virtual de Patrimonio Bibliográfico. El número 6 del plano, indicado aquí con la letra a, se corresponde con la Puerta Real. El número 58 (b) indica el Colegio de San Alberto, destino final de la pintura.
La prensa exaltada sevillana, sin llegar a recoger dicha procesión cívica, sí que aclara algunos aspectos que Velázquez y Sánchez no refleja con exactitud, como es la identidad del miliciano fallecido. De acuerdo con varias noticias que analizaremos posteriormente, no se trataba del marqués de Tabares, sino del hijo primogénito del marqués de Casa Tabares [15], José Montalvo Curiel, quien efectivamente perdió la vida en las proximidades de Ronda en agosto de 1822 al salir en persecución de una facción realista. Este primer equívoco en la noticia de Velázquez y Sánchez es, hasta cierto punto, comprensible, teniendo en cuenta que la fuente principal para sus Anales fue la crónica, redactada a modo de diario, de Félix González de León [16], a la que en algunas ocasiones realiza adendas o correcciones [17]. En el caso que nos ocupa, existe una correlación directa con la entrada que González de León redactó sobre los acontecimientos del domingo 20 de octubre de 1822, en que identifica al homenajeado como el Marqués de Tabares:
En una de las varias acciones que estuvieron las tropas constitucionales con las que defendían y sostenían el partido del Rey absoluto, y contra uno de estos cuerpos comandado por el realista Zaldívar, en los campos de Ronda, murió despeñándose por que no lo cogieran prisionero el voluntario de la milicia nacional local, de la Compañía de Cazadores del 1 er Batallón de esta ciudad, Marqués de Tabares [18] (…).
La información sobre la situación en que falleció José Montalvo Curiel concuerda con las noticias recogidas en la prensa contemporánea y con los recuerdos que dejó consignados su padre, José Montalvo Tabares [19]. Siguiendo con la nota de González de León, indica que
(…) dicha compañía costeó un cuadro que representa la muerte del referido del modo q e sucedió, para colocarlo en el cuerpo de guardia del cuartel: y esta tarde fue la citada compañía, y de una casa del muro de la Puerta Real, sacó el dicho cuadro colocado en un birloche adornado, y todas las compañías con la música del cuerpo lo pasearon por varias calles, y lo llevaron al referido Cuartel donde lo dejaron colocado.
La discrepancia más evidente es la referida al autor de la obra, puesto que González de León no hace mención alguna, mientras que Velázquez y Sánchez indica la supuesta autoría de Esquivel, mencionándolo desde su perspectiva contemporánea como un “dotado artista”, en lugar de como el casi desconocido adolescente que era en 1822. Del mismo modo, la casa del muro de la Puerta Real que menciona González de León es convertida automáticamente en los Anales en la supuesta morada de Esquivel. El interrogante que se plantea en este punto es de dónde proceden esas nuevas informaciones o aportaciones de Velázquez y Sánchez.
Resulta difícil corroborar la autoría de Esquivel sin conocerse la obra en cuestión. En este sentido, la búsqueda de la pintura ha resultado, hasta la fecha, infructuosa. Dado que el tema que presentaba era una abierta exaltación constitucional a través de uno de los caídos en persecución de los realistas, una de las hipótesis más probables es que la obra fuera destruida tras la llegada de las tropas francesas a Sevilla y la restauración del absolutismo. El hecho de que la pintura fuera destinada al cuartel establecido en el antiguo convento de San Alberto parece apuntar también en esta dirección; las noticias sobre la historia del edificio, reconvertido en convento, transformado en sede de la Academia Sevillana de Buenas Letras en 1835 y vendido a un particular en 1840 [20], no aportan numerosos datos sobre sus bienes artísticos. Félix González de León, que describía la iglesia del convento [21], no profundizaba en exceso sobre su decoración, y no consta ninguna noticia documental sobre la pintura que nos ocupa con posterioridad a las ya indicadas. Una última hipótesis sería que la obra hubiera sido entregada a la familia del homenajeado; el estudio de los bienes de los marqueses de Casa Tabares a través de la documentación conservada en el Archivo Histórico de Protocolos de Madrid, el Archivo Histórico Provincial de Cádiz y el Archivo Histórico Provincial de Sevilla no ha aportado ninguna noticia en este sentido, puesto que son muy pocos los bienes artísticos consignados en inventarios y testamentos. Al mismo tiempo, el hecho de que ni la pintura ni la posible relación clientelar por parte de la milicia sevillana hayan sido recogidos en ninguna biografía o catálogo dedicado al artista nos deja, hasta que sea posible corroborarla, en el terreno de la hipótesis: dado que esta pintura desconocida tampoco se ha relacionado con otros pintores sevillanos contemporáneos, como podría ser el caso de Cabral Bejarano, a quien el propio Velázquez y Sánchez incluye como el pintor más activo vinculado a la causa constitucional en el Trienio, ¿podría haberse elegido a Esquivel porque éste también formaba parte, como José Montalvo, del cuerpo de milicia voluntaria? [22]
Igualmente, difícil es corroborar el dato aportado por Velázquez y Sánchez respecto al domicilio de Esquivel en 1822. En otros puntos de sus Anales introduce referencias a los domicilios de otros artistas, como sucede en el caso de Cabral Bejarano, a quien sitúa en la calle de Bancaleros (barrio de Feria, collación de Omnium Santorum ) tanto en las alusiones que hace a patriotas que acuden a su casa a recoger una obra antes de sacarla en procesión cívica (como sucede al menos en dos ocasiones con el retrato de Riego) como al indicar los problemas que su posicionamiento político le provocaron con los vecinos realistas de su barrio tras el restablecimiento de la monarquía absoluta. Al hablar de La muerte de José Montalvo Curiel, González de León y Velázquez y Sánchez indican que la pintura salió no de dicha calle de Bancaleros, sino una casa de la Puerta Real. Los datos que tenemos sobre Esquivel nos lo ubican como vecino de la collación de San Martín, tal y como consta en su partida de bautismo (1806) y en la de matrimonio (1827) [23], y de la de San Juan de la Palma [24], y no de la de San Vicente a la que pertenecería la casa de la que supuestamente habría salido la pintura. Curiosamente, sí que fue vecino de esta collación el amigo íntimo de Esquivel, José Domínguez Bécquer, al menos en 1827 [25]. En este sentido, los libros de matrículas de la academia de Santa Isabel de Hungría tampoco nos son de ayuda, puesto que no incorporan información sobre el domicilio de sus alumnos.
La pintura encargada, que procesionó desde la Puerta Real, tuvo como destino, según Velázquez y Sánchez, el antiguo convento y colegio carmelita de San Alberto, que al igual que otros edificios religiosos durante el Trienio Liberal había sido destinado a funciones laicas y militares. Convertido inicialmente en casa de quintos, el colegio de San Alberto pasó a albergar la Guardia de Prevención de Milicia Nacional de Infantería en enero de 1821 [26].
Lo más interesante quizá de la comparativa de los dos textos es que ambos cronistas nos indican que la obra que se encargó y que procesionó por las calles sevillanas era en efecto una pintura de historia contemporánea, destinada a representar de la manera más verídica posible la muerte de José Montalvo Curiel.
En la noche del 1 de agosto de 1822, un grupo de vecinos de las poblaciones cercanas a Ronda, encabezando una facción realista, penetró en la Plaza de La Constitución de dicha ciudad, disparando contra la lápida constitucional antes de darse a la fuga. Una compañía de voluntarios a los que se unieron algunos milicianos, entre los que se encontraba el nacional de Sevilla, José Montalvo Curiel, salió en persecución de los realistas que habían vandalizado el emblema constitucional. Tras internarse en los parajes de las cercanías de Benaoján, el joven José Montalvo recibió un balazo en el pecho y posteriormente fue trasladado a la ciudad de Ronda, falleciendo por el camino. Una extensa noticia de su muerte, salpicada de continuas exaltaciones a su valor y celo patriótico, aparece recogida en El Universal del 13 de agosto de 1822, donde Juan Escalante, miliciano nacional de caballería de Ronda, ofrece una larga descripción de los hechos remitida desde Málaga por su hermano Bartolomé, presente en los acontecimientos:
En el entretanto nuestro digno comandante de las armas, el brigadier Barrutell, con los patriotas, alcaldes y demás pueblo liberal acudieron con sus armas a la plaza, y se determinó seguir a los facciosos por una partida como de veinte nacionales voluntarios y algunos pocos de milicia activa que se pudieron reunir: estos últimos de vanguardia siguieron hasta las puertas de los pueblecillos; y enterados de la mayoría del número de los facciosos, que pasaba de 200, todas las posiciones ventajosas tomadas por estos, y la aspereza del terreno, retrocedieron hasta donde estaban los voluntarios, y les presentaron las dificultades; mas estos valientes, llevados de su celo patrio, quisieron probar sus fuerzas internándose: los facciosos, previendo el intento de aquellos, hicieron muy corta resistencia para comprometerlos en la aspereza y angosturas escarpadas, como lo verificaron con seis o siete nacionales los más osados, y entre ellos el nacional de Sevilla, heredero del marqués de Casa-Tabares, hijo de la condesa de San Rafael, D. José Montalbo Curiel, tan valiente como generoso, que posponiendo un crecido mayorazgo, que llegaría a poseer muy subdividido en razón de las instituciones liberales, antepuso estas, consagrándoles su vida con el valor de un héroe: puesto una rodilla en tierra, presentó su pecho y su defensa, apurándola con los cartuchos que llevaba; mas su suerte lo conducía al templo de la inmortalidad por la senda del valor y las virtudes, e indefenso ya, cayó en manos de sus enemigos, después de venderles su vida a costa de dos que perecieron a sus manos: prisionero con otros dos o tres, y separado algunos pasos, un infame cobarde, avergonzado de verse con un valiente, partió de un balazo el corazón generoso del joven Montalbo cuando no le era ya temible. Todo el día quedó expuesto a una rabiosa sed y al sol más ardiente, desangrándose, hasta que a la tarde pudieron llevárselo a Ronda, para lo que hubo una amnistía, y expiró antes de entrar en el pueblo, exclamando muero por la patria[27].
El escrito remitido por Escalante, en el que también se daba cuenta de la muerte de otro miliciano de Ronda, José Gil de Bernabé [28], llegaba a Madrid con la clara intención de dar noticias sobre la sublevación de la serranía de Ronda por parte de los realistas, al tiempo que aprovechaba las páginas del periódico para ensalzar el valor de José Montalvo, de quien indica ser pariente, y de su propio hermano, Bartolomé Escalante, herido en los mismos acontecimientos. La noticia de la heroica muerte de José Montalvo en su lucha contra los partidarios del absolutismo era confirmada días más tarde por el comandante del distrito militar de Ronda, Pedro Villacampa, en las páginas del Diario mercantil de Cádiz, prometiendo una contundente respuesta contra los realistas [29].
No obstante, la confirmación más desgarradora de los acontecimientos llegaba a través del periódico exaltado El mensagero de Sevilla, que incluía entre sus páginas una carta escrita por la madre del difunto héroe, Paz Curiel, destinada a Miguel Matute, capitán de cazadores del primer batallón de la Milicia Nacional de Sevilla, a cuyo cuerpo pertenecía el malogrado miliciano. La descripción de los hechos narrada por Paz Curiel coincide en gran medida con la de Escalante:
Mi adorado hijo protege la retirada de sus compañeros solo, haciendo fuego hasta apurar 82 cartuchos que llevaba, y habiendo subido a una altura peligrosa mata a dos de sus enemigos y un inicuo faccioso le dispara un tiro al hijo de mi vida que le pasó el pecho; pero mi héroe se abraza con el primero que llegó a él, y caen por un despeñadero; por último, la caída mortal y un sinfín de caídas lo dejaron sin sentido por más de dos horas, y admirados de su mucho valor los enemigos lo llevaron al lugar, lo curaron y lo trajeron más cerca de Ronda. Cuanto se supo esta noticia se le socorrió con cuanto se pudo de facultativo y demás, y ya muy cerca del pueblo donde deseaba llegar para morir en mis brazos, expiró [30].
Junto a la carta, en la que Paz Curiel solicitaba venganza, los redactores de El mensagero de Sevilla incluyeron un alegato directamente dirigido a sus compañeros de batallón, que probablemente sea el punto de partida para los varios homenajes que se le realizaron, exhortándoles a honrar “la gloriosa memoria de este héroe” y a “estampar su heroico nombre en la lista de la compañía perpetuamente como si estuviese presente, para que todos imiten su verdadero patriotismo” [31].
Una semana más tarde, las páginas del mismo periódico recogían la respuesta de la compañía de cazadores a Paz Curiel, prometiendo a la desconsolada madre inmortalizar el heroísmo de su hijo para que su memoria fuese ejemplo a emular para sus compañeros de armas [32]. El primer paso fue solicitar que se inscribiera su nombre en la sala capitular del Ayuntamiento sevillano, para lo cual ya habían enviado el correspondiente oficio [33]. La solicitud fue atendida por el Ayuntamiento, quien en su sesión del viernes 23 de agosto daba cuenta de su recepción; se aceptó por unanimidad la inscripción del nombre de Don José Montalvo Tabares en la sala capitular, si bien surgieron dudas sobre cómo se debería proceder en lo sucesivo cuando fuese preciso honrar a los héroes sevillanos que falleciesen en defensa de la patria y de la constitución. Por este motivo, no solo se acordó inscribir el nombre del joven en la sala capitular, sino también “exigir un monumento que acredite la gratitud de la Patria a sus servicios.” Para que se tomasen los acuerdos oportunos a este respecto, se pasó una consulta a la Comisión de Milicia Nacional, con el fin de que informase “sobre la manera con que haya de ejecutarse con este y con los demás individuos de la Milicia de esta Ciudad que sacrifiquen su vida como Tabares en defensa de las libertades patrias” y de que pasase esta misma respuesta a la compañía de cazadores [34].
Lamentablemente, no queda constancia de la documentación de dicha comisión de Milicia Nacional, por lo que debemos limitarnos a las noticias conservadas en las actas del cabildo. La consulta y resolución sobre la inscripción del nombre de Tabares se retrasa hasta noviembre de 1822; en la sesión del cabildo de 11 de noviembre se presentó el informe redactado por el síndico cuarto, acordando la inscripción del nombre en la sala capitular, cuya aprobación final dependía de la Diputación Provincial [35]. El permiso llegaría el 20 de noviembre, poniéndose en común en sesión capitular el lunes 25 de noviembre, acordando el cabildo que la Comisión de Milicias procediese a llevarla a efecto [36]. Ningún dato de los recogidos en las actas capitulares indica que como parte del homenaje al difunto se mandase realizar una pintura representando su muerte (recordemos que ésta procesionó el 20 de octubre, con anterioridad a las resoluciones municipales), por lo que la iniciativa parece haber salido directamente o bien de la comisión de milicias, o directamente de los propios compañeros del batallón de cazadores, alentados por la misiva de Paz Curiel.
Las indagaciones acerca del entorno del joven José Montalvo Curiel (1801-1822) nos llevan a sospechar que su familia, aun en pleno duelo por su muerte, pudiera haber visto en el acontecimiento una manera de recuperar parte de la notoriedad que había perdido tras la subida al trono de Fernando VII. El hecho de que los hermanos del marqués de Casa Tabares hubieran sido señalados como afrancesados por aceptar empleos y distinciones de manos de José Bonaparte motivó que parte de la familia se mantuviera en el exilio en París hasta, al menos, 1820 [37], mientras el propio marqués permanecía atendiendo los intereses del mayorazgo entre Cádiz, Ronda y Sevilla.
El nombre de Paz Curiel y de su hijo no aparecen en la prensa exaltada hasta la trágica muerte del segundo en la Serranía de Ronda en 1822, pero sus compañeros de batallón lo identificaban como un liberal convencido, que había dado “las pruebas más positivas de su adhesión a las nuevas instituciones que felizmente nos gobiernan” [38]. Alistado de manera voluntaria en la milicia, vinculado a la junta patriótica y defensor de la constitución hasta su muerte, a la edad de veintiún años: datos que ya de por sí explicaban que se convirtiese en un símbolo constitucional y en un ejemplo en la lucha contra el servilismo en el ámbito sevillano. Pero en este caso, ¿por qué su rápido olvido?
La falta de noticias en la prensa sevillana, y muy concretamente en El Mensagero de Sevilla, sobre la procesión cívica y la pintura representando la muerte de José Montalvo Curiel, es comprensible si observamos los acontecimientos que eclipsaron este homenaje; en primer lugar, la llegada de Riego a la ciudad de Sevilla, donde fue agasajado y homenajeado por los liberales, el día 11 de octubre de 1822, y su salida de la misma el día 16. En segundo lugar, El Mensagero de Sevilla sí que recoge un homenaje patriótico en la tarde del domingo 20 de octubre de 1822, pero celebrado en la Sociedad Patriótica instalada en el exconvento de Regina y dedicado a la memoria de Vicente Abad, capitán del regimiento de caballería Numancia [39]. Vicente Abad, más conocido como Chaleco, falleció a manos de los realistas de la facción de Zaldívar el 24 de septiembre de 1822 en las cercanías de Estepa [40], y la Sociedad Patriótica de Sevilla le rindió homenaje en la sesión extraordinaria del 20 de octubre, mediante la colocación de una lápida conmemorativa. La muerte de José Montalvo Curiel el 1 de agosto de 1822 no fue sino la primera de las muchas que tuvieron lugar durante los meses siguientes en la persecución de los sublevados realistas; el agotamiento de las instituciones constitucionales ante los realistas, la continua oposición entre moderados y exaltados, el avance de los franceses y el establecimiento temporal de las Cortes en la ciudad de Sevilla constituían hechos los suficientemente trascendentes como para que el homenaje a un joven miliciano de la nobleza andaluza se perdiera, como otros tantos, entre la páginas de la historia.
La noticia de Velázquez y Sánchez de la realización de una pintura de historia representando la muerte de José Montalvo Curiel, heredero del marqués de Casa Tabares, abre una interesante incógnita respecto a su autoría, que mantenemos como hipotética a falta de nuevos hallazgos documentales o pictóricos que la corroboren, y que permitirían hablar de una obra inédita de juventud de Antonio María Esquivel.
El rastreo de las fuentes hemerográficas y de la documentación capitular sevillana evidencia que la muerte de José Montalvo Curiel puso al ayuntamiento constitucional ante la duda de cómo honrar a los milicianos sevillanos que, como él, fallecieran en la lucha contra los realistas sublevados en Andalucía, aunque la iniciativa final nació de sus compañeros milicianos.
La insistencia de Paz Curiel ante la necesidad de perpetuar la heroica memoria de su hijo y las referencias por parte de Velázquez y Sánchez y de González de León a la procesión cívica en que se trasladó la pintura, identificando al homenajeado como el marqués de (Casa) Tabares, evidencian que, aunque de manera efímera, José Montalvo Curiel fue honrado en Sevilla como un héroe patriótico.
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Velázquez y Sánchez, José. Anales de Sevilla. Reseña histórica de los sucesos políticos, hechos notables y particulares intereses de la tercera capital de la monarquía, metrópoli andaluza, de 1800 a 1850. Sevilla: Hijos de Fe editores, 1872.
A. “D. Antonio María Esquivel.” Revista contemporánea, enero de 1884.
“Copia de la carta que le escribió la marquesa de Tavares a D. Miguel Matute, capitán de cazadores del heroico primer batallón de la M.N. de esta ciudad, noticiándole las heroicidades de su hijo, individuo de dicha compañía, y su desgraciado fallecimiento.” El mensagero de Sevilla, 14 de agosto de 1822.
Diario mercantil de Cádiz, 18 de agosto de 1822.
El Universal, 13 de agosto de 1822.
“Felicitación que hace la compañía de cazadores a la madre del héroe D. José Montalvo Tavares.” El mensagero de Sevilla, 21 de agosto de 1822.
Montalvo y Tabares, Manuel. “Artículo remitido.” Gaceta patriótica del ejército nacional, 11 de abril de 1820.
“Oficio dirigido a la reunión patriótica de esta ciudad.” El mensagero de Sevilla, 21 de agosto 1822.
Villanueva, Luis. “Don Antonio María Esquivel.” El museo de las familias, 25 de abril de 1844.
[1] * Este artículo ha sido desarrollado en el marco del GIR Identidad e intercambios artísticos. De la Edad Media al mundo contemporáneo (IDINTAR) de la Universidad de Valladolid.
Pedro J. Martínez Plaza, “Nuevas lecturas sobre la pintura religiosa de Antonio María Esquivel (1806-1857), sus fuentes y su fortuna crítica,” De arte, no. 19 (2020): 129-145, https://doi.org/10.18002/da.v0i19.5984; Martínez Plaza, “Manuel López Cepero (1778-1858) y la pintura sevillana de su tiempo,” Laboratorio de Arte, no. 29 (2017): 543-566, https://doi.org/10.12795/LA.2017.i29.30. Cabe mencionar también las contribuciones de Gerardo Pérez Calero a la biografía y catálogo del pintor sevillano: Gerardo Pérez Calero, “Esquivel Suárez y Urbina, Antonio María,” Enciclopedia del Museo del Prado, t. 3 (Madrid: Museo Nacional del Prado, 2006), 1011-1014; Gerardo Pérez Calero, “Consideraciones estéticas en torno a la obra del pintor Antonio María Esquivel,” Laboratorio de Arte, no. 24 (2012): 527-536.
[2] Bernardino de Pantorba, “Antonio María Esquivel,” Arte Español, no. 22 (1959): 155-179. José Guerrero Lovillo, Antonio María Esquivel (Madrid: CSIC, 1957).
[3] Los más significativos aluden a su ceguera y recuperación, y la hipótesis, aún no confirmada, de un posible viaje al extranjero para restablecer su salud. Pedro J. Martínez Plaza, “Manuel López Cepero,” 2017, 556.
[4] Sobre la construcción del mito biográfico romántico de Esquivel, véase Aránzazu Pérez Sánchez, “La construcción de la imagen romántica del artista: Antonio Mª Esquivel, el pintor salvado,” Anales de Historia del Arte, no. 33 (2023): 97-116, https://doi.org/10.5209/anha.86088.
[5] Luis de Villanueva, “Antonio María Esquivel,” El museo de las familias, 25 de abril de 1844, 90-93.
[6] Manuel Ossorio y Bernard, Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX (Madrid: Imprenta de Moreno y Rojas, 1868), 195-200.
[7] Guerrero Lovillo, Antonio María Esquivel, 1957.
[8] Antonio de la Banda y Vargas, Antonio María Esquivel (Sevilla: Diputación de Sevilla, 2002).
[9] A., “D. Antonio María Esquivel,” Revista contemporánea, enero 1884, 276-311 y 404-421.
[10] Sobre la formación de Esquivel en la Academia de Nobles Artes, consta matriculado inicialmente en 1816 y hasta 1821; tras el Trienio Liberal, se matricula en dibujo en el curso 1823-1824, en la de yeso desde 1823 hasta 1827, y en la de dibujo del natural desde 1827 hasta 1830. Banda y Vargas, Antonio María Esquivel, 2002, 30.
[11] Antonio de la Banda especifica que se enrola en las filas constitucionales en 1821 hasta 1823. Banda y Vargas, Antonio María Esquivel, 2002, 31.
[12] Enrique Valdivieso González y José Fernández López, La pintura romántica sevillana (Sevilla: Fundación Endesa, 2011), 109.
[13] Desfiló la noche del 13 de septiembre, tomando prestado un retrato del general Riego realizado por Antonio Cabral Bejarano, del que también se hace eco Enrique Valdivieso, Antonio Cabral Bejarano (Sevilla: Diputación Provincial, 2014), 19.
[14] José Velázquez y Sánchez, Anales de Sevilla (Sevilla: Hijos de Fe Editores, 1872), 282.
[15] La confusión entre el marquesado de Tabares y el de Casa Tabares es frecuente en las fuentes contemporáneas. Las noticias publicadas haciendo alusión a la muerte de este miliciano voluntario lo identifican correctamente como el hijo primogénito del entonces marqués de Casa Tabares, José María Montalvo Tabares. Su hijo, José Montalvo Curiel, figura en ocasiones únicamente con los apellidos paternos, lo que explica la confusión de José Velázquez y Sánchez al identificar al fallecido como el marqués de Casa Tabares.
[16] Félix González de León otorga a cada uno de los volúmenes el título de Diario de las ocurrencias públicas y particulares de Sevilla, recopilando de forma manuscrita un total de veintisiete volúmenes en los que se compendian los acontecimientos más notables de la ciudad entre 1800 y 1853. Se conservan actualmente en el Archivo Municipal de Sevilla, sección XIV, Crónica de Félix González de León.
[17] Sobre la labor como cronista municipal de José Velázquez y Sánchez, así como sobre sus fuentes, puede consultarse Marcos Fernández Gómez, “El Archivo Municipal de Sevilla en el siglo XIX: José Velázquez y Sánchez (1859-1864),” Boletín de la ANABAD 39, no. 3-4 (1989): 417-466.
[18] Crónica de Félix González de León, 1822, Sección XIV, tomo XI, t. 24, fol. 15, Archivo Histórico Municipal de Sevilla (AHMS), Sevilla.
[19] “Acción que la graduaron de heroica, y por la que, aplaudido en el país, le hicieron sus compañeros los nacionales de Sevilla un suntuoso y extraordinario funeral.” José Montalvo Tabares, Solicitud de venta de mayorazgo, 20 de noviembre de 1840, Archivo particular, Setenil de las Bodegas.
[20] De acuerdo con las noticias aportadas por Velázquez y Sánchez ( Anales, 527) el edificio fue subastado y adjudicado a Matías Ramos Calonge.
[21] González de León, Diario de las ocurrencias, 165-167.
[22] A pesar de los datos en sus biografías sobre su participación en la milicia, los únicos registros sobre Milicia conservados en el Archivo Municipal de Sevilla aluden fundamentalmente a las elecciones de grados superiores de cada regimiento y batallón, pero no se conservan padrones de quintas que, custodiados por los alcaldes de barrio, fueron destruidos a la llegada de las tropas francesas para evitar represalias.
[23] José Valverde Madrid, “Tres documentos sobre el pintor Antonio María Esquivel,” Boletín de Bellas Artes, no. 7 (1979): 235-240.
[24] Valverde Madrid, “Tres documentos,” 238. Gerardo Pérez Calero, “El pintor Antonio María Esquivel y su entorno familiar: a propósito de dos retratos inéditos de su esposa,” Laboratorio de Arte, no. 31 (2019): 683-692, https://dx.doi.org/10.12795/LA.2019.i31.42.
[25] Valverde Madrid. “Tres documentos,” 238.
[26] Cabildo ordinario, ocho de enero de 1821, Sección X, Actas del Ayuntamiento, libro 50, segunda escribanía, fol. 24r, AHMS, Sevilla. Actas de cabildos posteriores daban cuenta del malestar de la comunidad conventual ante los usos militares que se estaban dando al edificio.
[27]El Universal, 13 de agosto de 1822, 4.
[28] De él se indica que, siendo hacendado de Ronda, no había dudado, a pesar de su avanzada edad y de su falta de visión, en salir en persecución de los realistas.
[29]Diario mercantil de Cádiz, 18 de agosto de 1822, 3-4.
[30] “Copia de la carta que le escribió la marquesa de Tavares a D. Miguel Matute, capitán de cazadores del heroico primer batallón de la M.N. de esta ciudad, noticiándole las heroicidades de su hijo, individuo de dicha compañía, y su desgraciado fallecimiento,” El mensagero de Sevilla, 14 de agosto de 1822, 262.
[31] “Copia,” El mensagero de Sevilla, 263.
[32] “Felicitación que hace la compañía de cazadores a la madre del héroe D. José Montalvo Tavares,” El mensagero de Sevilla, 21 de agosto de 1822, 269-270.
[33] “En cumplimiento del encargo que se nos ha cometido por la compañía de cazadores del primer batallón de voluntarios de esta ciudad, manifestamos a VV. el justo sentimiento de que se halla penetrada por la pérdida del ciudadano José Tavares, individuo de ella y socio de esa junta patriótica, el cual después de haber dado las pruebas más positivas de su adhesión a las nuevas instituciones que felizmente nos gobiernan, supo cual otro Leónidas llevado del fuego del amor a la patria que lo animaba, acudir a las armas con 30 voluntarios de Ronda, y salir a batirse con los facciosos que infestaban sus cercanías (...) sacrificando así honrosamente su vida en los campos de Benaojar [sic]. Esta acción heroica, digna por cierto de la memoria y gratitud de sus compañeros de armas, es la que mueve a suplicar a VV. Se dignen por un efecto de su espíritu patriótico que les anima, hacer inscribir el nombre de este ciudadano en la sala donde tienen sus sesiones, a fin de perpetuar sus empresas generosas en obsequio de la madre patria.” “Oficio dirigido a la reunión patriótica de esta ciudad,” El mensagero de Sevilla, Sevilla, 21 de agosto 1822, 270-271.
[34] Cabildo, 23 de agosto de 1822, Sección X, Actas del Ayuntamiento, libro 51, segunda escribanía, fol. 559, AHMS, Sevilla.
[35] Cabildo, 11 de noviembre de 1822, Sección X, Actas del Ayuntamiento, libro 51, segunda escribanía, fol. 757v, AHMS, Sevilla.
[36] Cabildo, 25 de noviembre de 1822, Sección X, Actas del Ayuntamiento, libro 51, segunda escribanía, fol. 789r, AHMS, Sevilla.
[37] Francisco Javier Montalvo Tabares, que en 1807 ingresaba en el cuerpo de Guardia Valona, fue nombrado ayudante de maestro de ceremonias de José I y capitán de milicia. Tanto Francisco Javier como su hermano Joaquín fueron nombrados caballeros de la Real Orden de España por José I en 1810.
[38] “Oficio dirigido a la reunión patriótica de esta ciudad,” El Mensagero de Sevilla, 21 de agosto de 1822.
[39]El Mensagero de Sevilla, Sevilla, 30 de octubre de 1822, 370. Aunque en la noticia se indica que la reunión se celebró en la tarde del domingo 10 de octubre, debe de tratarse de un error tipográfico.
[40]Diario Económico de la ciudad y provincia de Sevilla, 27 de septiembre de 1822.