“Media en este malhadado asunto algún misterio”: Pedro de Madrazo (1816-1898) y Medina Azahara

“Some Mystery is Involved in this Ill-Fated Matter”: Pedro de Madrazo (1816-1898) and Madinat al-Zahra

Alegra García García

Patrimonio Nacional, Madrid, España

alegra.garcia.garcia@gmail.com

0000-0002-9167-2325

Recibido: 26/06/2025 | Aceptado: 08/10/2025

Resumen

Palabras clave

Durante el siglo XIX la ubicación exacta de la ciudad palatina de Medina Azahara, fundada por Abd-al-Rahman III en el siglo X d. C., no era completamente conocida. El historiador del arte Pedro de Madrazo (1816-1898), siguiendo algunas fuentes históricas, no sólo localizó los restos arqueológicos, sino que promovió una excavación que, sin embargo, debido a diferentes motivos, no pudo llevarse a término. El objetivo de este artículo es analizar la documentación y textos conservados relativos a la organización y desarrollo de la excavación, además de estudiar la difusión y recepción que tuvo este hecho a través de diferentes publicaciones de la época y el testimonio de algunos contemporáneos. Asimismo, esta investigación pretende poner en valor este episodio de nuestra arqueología generalmente olvidado.

Medina Azahara

Pedro de Madrazo

Pascual de Gayangos

Francisco de Borja Pavón

Arqueología

Siglo XIX

Abstract

Keywords

During the nineteenth century, the precise location of Madinat al-Zahra, the palace city founded by Abd al-Rahman III in the tenth century AD, was not fully known. Art historian Pedro de Madrazo (1816–1898), drawing upon historical sources, not only identified the archaeological remains but also promoted an excavation that, for various reasons, was ultimately never carried out. The aim of this article is to analyse the surviving documentation and texts related to the organization and development of the proposed excavation, as well as to examine the dissemination and reception of this initiative through contemporary publications and the testimony of Madrazo’s contemporaries. This research also seeks to reassess the significance of this generally overlooked episode in the history of Spanish archaeology.

Medina Azahara

Pedro de Madrazo

Pascual de Gayangos

Francisco de Borja Pavón

Archaeology

19 th Century

Cómo citar este trabajo / How to cite this paper:

García García, Alegra. “‘Media en este malhadado asunto algún misterio’: Pedro de Madrazo (1816-1898) y Medina Azahara.” Atrio. Revista de Historia del Arte, no. 32 (2026): 260-281. https://doi.org/10.46661/atrio.12256.

© 2026 Alegra García García. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0. International License (CC BY-NC-SA 4.0).

Introducción

Pedro de Madrazo (1816-1898), hijo y hermano de los pintores de corte José de Madrazo (1781-1859) y Federico de Madrazo (1815-1894) (Fig. 1), compaginó su trayectoria política con una fecunda dedicación a la historia del arte. A lo largo de sus más de ochenta años de vida publicó numerosos artículos relativos al arte, sus estilos y sus creadores en revistas fundamentales para la vida cultural del siglo XIX como El Artista, No me olvides o el Semanario Pintoresco Español y tomó parte en ambiciosos proyectos editoriales como los Monumentos Arquitectónicos de España y el Museo Español de Antigüedades. Asimismo, dio a la imprenta obras dedicadas al estudio del patrimonio artístico español como sus volúmenes de Córdoba, Sevilla y Cádiz para la colección Recuerdos y bellezas de España impulsada por el dibujante y litógrafo Francisco Javier Parcerisa (1803-1875) o su Viaje artístico de tres siglos por las colecciones de cuadros de los Reyes de España, publicado por Cortezo en Barcelona como parte de la biblioteca Arte y Letras. Desde las instituciones estuvo también vinculado a las artes, ya que fue miembro de las Academias de Bellas Artes, de la Historia y de la Lengua, manteniendo una relación muy estrecha con la Comisión de Monumentos creada en 1836 por la primera de estas academias. Ya al final de su vida, en 1896, fue nombrado director del recién creado Museo de Arte Moderno, un cargo que apenas pudo ocupar dos años pero que vino a ser colofón de toda una vida dedicada al patrimonio histórico-artístico y los incipientes museos españoles [1].

Fig. 1. Jean Laurent, Retrato de Pedro de Madrazo y Kuntz, entre 1861 y 1868. © Biblioteca Nacional de España, Madrid.

Fue precisamente la redacción de su volumen de Córdoba lo que le llevó en la primavera de 1853 hasta esta ciudad y sus inmediaciones con el fin de documentarse. Así, en mayo de ese año Pedro de Madrazo visitó los terrenos conocidos como la dehesa de Córdoba la Vieja, situados a escasos kilómetros de la ciudad, y, tras inspeccionar las ruinas que allí se encontraban, dedujo que aquella era la localización del conjunto palatino de Medina Azahara (siglo X d. C.), cuya ubicación hasta el momento había sido objeto de controversia, si bien algunos autores como Juan Agustín Ceán Bermúdez (1749-1829) y Luis María Ramírez de las Casas-Deza (1802-1874), de quienes trataremos más adelante, habían propuesto ya con anterioridad esta identificación. A este acontecimiento, en el que estuvieron presentes junto a Madrazo otros importantes personajes de la época vinculados a la historia del arte y los estudios árabes, siguió el primer intento serio de excavación, cincuenta años antes de la campaña emprendida por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco (1843-1923).

Sin embargo, a pesar de la importancia de este hecho y el renombre de las personas implicadas, la bibliografía existente sobre Medina Azahara solamente suele mencionar de manera muy sucinta a Pedro de Madrazo –si acaso es mencionado– como responsable único de la localización e identificación de las ruinas [2], sin entrar en más detalles de cómo se desarrolló este intento fallido de excavación, quiénes fueron sus protagonistas, las relaciones existentes entre ellos o los motivos reales de su fracaso más allá de la breve explicación aportada por el propio Madrazo acerca de este asunto en su libro Córdoba, que vio la luz por primera vez en 1855 y que después fue publicado nuevamente en 1884 por Daniel Cortezo como parte de la colección España. Sus monumentos y artes. Su naturaleza e historia. A este respecto, quizá la aportación más completa hasta la fecha sea la de José María Palencia Cerezo, quien, partiendo de algunos fragmentos de epístolas publicados a comienzos del siglo XX, intentó trazar un relato de lo acontecido [3].

Así pues, el presente artículo pretende recuperar un episodio generalmente olvidado por la historiografía, pero muy relacionado con la gestación de la historia del arte y arqueología como disciplinas durante el siglo XIX. Para proceder a la reconstrucción de la localización de Medina Azahara, la organización y desarrollo fallido de las excavaciones, así como al conocimiento del papel que desempeñaron las diferentes personas implicadas, contamos con diversa documentación de archivo, en su mayor parte inédita, que procede fundamentalmente de la Fundación Lázaro Galdiano y, en menor medida, de la Biblioteca Nacional de España, la Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Museo Nacional del Prado [4].

A esta documentación de archivo hay que sumar, además, las diferentes publicaciones de Pedro de Madrazo aparecidas durante la segunda mitad del siglo XIX en las que, ya suspendida la excavación y sabiendo que no volvería a organizarse otra, daba a conocer lo que él consideró descubrimiento del conjunto, aportándonos datos que no aparecen en la correspondencia o los informes. Asimismo, el estudio de la fortuna y repercusión de estos textos entre los contemporáneos de Madrazo, especialmente aquellos que abordaron el estudio del arte hispanomusulmán, también formará parte del contenido de nuestro artículo a fin de intuir cuál fue la difusión y alcance que tuvo la localización de Medina Azahara antes de que fuera finalmente sacada a la luz en los primeros años del siglo XX.

Medina Azahara antes de 1853

En el marco del orientalismo que tan profundamente influyó en las artes y la literatura europeos del siglo XIX, Andalucía y, sobre todo, las ciudades de Granada, Córdoba y Sevilla ocuparon un lugar excepcional y se convirtieron en uno de los destinos principales de aquellos viajeros occidentales ávidos de exotismo, y en escenario de numerosas obras literarias y creaciones artísticas. Sin embargo, sólo se tenía noticia de Medina Azahara a través de unos pocos libros que, con mayor o menor fortuna de crítica y público, habían contribuido a difundir, traducidas, algunas fuentes árabes. Así, tras su abandono en el siglo XI, su localización exacta permaneció desconocida y existían diferentes opiniones, contradictorias, que se venían arrastrando desde varios siglos atrás. Es el caso, por ejemplo, de la Historia de la dominación de los árabes del arabista e historiador José Antonio Conde (1766-1820), publicada póstumamente en 1820 y 1821 y recibida por los estudiosos del momento de manera bastante tibia. En ella, su autor, tras incluir una descripción de la ciudad, situaba su ubicación a cinco millas de Córdoba, pero al sur del Guadalquivir.

Más tino o al menos intuición tuvo Agustín Ceán Bermúdez, quien en su Sumario de las antigüedades romanas que hay en España, publicado también tras la muerte de su autor, ya en 1832, indicó que Medina Azahara había estado situada en la dehesa de Córdoba la Vieja, a unas tres millas al noroeste de la actual Córdoba. Su afirmación se basaba en el estilo de las ruinas allí localizadas, ruinas que, durante mucho tiempo, siguiendo un error expresado por Ambrosio de Morales en el siglo XVI y después perpetuado a pesar de varias voces contrarias, habían sido identificadas con la Córdoba romana fundada por Marcelo, más tarde abandonada en pro de la actual ciudad [5].

Por su parte, en 1834 Ángel María de Saavedra, duque de Rivas (1791-1865), publicó El moro expósito o Córdoba y Burgos en el siglo X. En el romance segundo de esta obra el escritor cordobés introduce los siguientes versos: “Vio a su diestra de Zahara los jardines,/Los pórticos, palacios y liceos;/Y hoy un desnudo llano sólo viera,/ Pues hasta las ruinas perecieron” [6]. La mención de Zahara da lugar a una extensa nota en la que se cita un pasaje de la obra de Conde describiendo la ciudad palatina para, a continuación, expresar la extrañeza del autor ante la inexistencia de ningún resto material: “El sitio que ocupó, es hoy una dehesa entre los llanos de la Albaida y los de las cuevas en la que no se descubren ruinas, ni cimientos, ni vestigio alguno, y que solo tiene una cerca moderna con establos para la cría de potros. El recinto lleva el nombre de Córdoba la Vieja” [7].

Resulta llamativo que, a pesar de citar a Conde –que erró la ubicación, como vimos–, el duque de Rivas sitúe sin ningún género de dudas Medina Azahara en los terrenos de la dehesa de Córdoba la Vieja. Cabría pensar que conocía el texto de Ceán Bermúdez, publicado tan sólo dos años antes, o que quizá obtuvo el dato del también cordobés Luis María Ramírez de las Casas-Deza (1802-1874), historiador que en la primera edición de su Indicador cordobés. Manual histórico topográfico de la ciudad de Córdoba (1837), señalaba asimismo que en Córdoba la Vieja “se encuentran vestigios de la casa de recreación que (…) labró Abderramán III y después hizo ciudad con el nombre de Azahra” [8]. Casas-Deza, además, publicó el 22 de enero 1843 en el Semanario Pintoresco Español un artículo con el título de “Arqueología. Varias antigüedades de Córdoba” en el que daba a conocer la pieza conocida como el “ciervo de bronce”. Esta pieza, según indicaba el historiador, procedía, junto a “una taza de fuente” y una cierva, del “sitio llamado Córdoba la Vieja, donde se encuentran frecuentes vestigios de la tan celebrada casa de Recreación”. Para él, todas estas piezas “pertenecieron sin duda a alguna de las fuentes de aquel admirable y suntuoso alcázar” [9].

Sin embargo, a pesar de estas y otras puntualizaciones (incluso Antonio Ponz llegó a señalar, ya a finales del siglo XVIII, que las ruinas “son de algún palacio o casa de delicias de los reyes árabes”) [10], parece que esta identificación no tuvo gran trascendencia entre los círculos académicos. Al menos eso cabe deducir al encontrar, en fecha tan avanzada como 1848, al historiador José Caveda (1796-1882) lamentando que no se “conserve ni un solo vestigio que indique siquiera el lugar que ocuparon” los edificios del conjunto palatino de Medina Azahara [11]. Y el propio Madrazo, a pesar de los amplios conocimientos bibliográficos y documentales que suele mostrar en sus escritos, no cita en ningún momento la obra de Casas-Deza, a quien además conocía personalmente y con quien trataba en los meses del descubrimiento, ni parece hacerse eco de las acertadas sospechas de Ceán o el duque de Rivas, también amigo suyo. Este punto será retomado con posterioridad en nuestro artículo. Madrazo sí conocía, y aludirá a ellos, los textos de Ambrosio de Morales y José Antonio Conde, así como la traducción al inglés por Gayangos de la historia de Al-Maqqari [12].

Una excursión a Córdoba la Vieja

En la primavera de 1853, Pedro de Madrazo se encontraba en Córdoba documentándose para la redacción del volumen de Recuerdos y Bellezas de España dedicado a Córdoba, colección dirigida por el pintor y dibujante Francisco Javier Parcerisa (1803-1875) [13]. Una de las excursiones que formaban parte de ese viaje llevó a Madrazo y cuatro personas más a la dehesa de Córdoba la Vieja, terrenos propiedad de Isidro Alfonso de Sousa de Portugal y Guzmán, marqués de Guadalcázar (1797-1870).

Según nos relata el propio Madrazo en un artículo publicado en dos partes en enero y febrero de 1857 en el Seminario Pintoresco Español, esta visita tuvo lugar el 27 de mayo. Su finalidad era “visitar las afamadas ermitas del cerro de Nuestra Señora de Belén, y hacer por aquellos contornos (…) algunos reconocimientos, que no me atrevo a llamar arqueológicos por no ser tan ambiciosas nuestras miras”. A Madrazo acompañaban, según narra en su breve crónica, cuatro personas: dos catalanes, un joven cordobés y un escritor oriundo de la misma ciudad. Gracias a su correspondencia privada, que analizaremos en la siguiente sección, sabemos que sus acompañantes fueron Francisco Javier Parcerisa –quien volvió a Córdoba poco después del almuerzo–, el pintor de origen catalán José Saló y Junquet (1810-1877) (Fig. 2) junto a su hijo Nicolás (1834-1854), nacido en Córdoba, y el académico cordobés Francisco de Borja Pavón (1814-1904). En su compañía Madrazo visitó el desierto de Nuestra Señora de Belén, ubicación de varias ermitas, y el castillo de la Albaida, donde almorzaron para después dirigirse, ya sin Parcerisa, al convento de San Jerónimo y la dehesa de Córdoba la Vieja, deseosos de ver las ruinas que en ese lugar se encontraban. Allí, Madrazo recogió algunos fragmentos y, tras observarlos, hizo notar a sus acompañantes su filiación estética con el arte califal de los siglos IX y X, identificando las ruinas como las de la ciudad palatina de Medina Azahara. A continuación, se reunieron varios fragmentos y se tomaron medidas y notas.

Fig. 2. José Saló y Junquet, Guardia de la Real Persona del Rey, ca. 1830. © Museo Nacional del Romanticismo, Madrid. Fotografía: Fabián Álvarez.

Una excavación con “mala estrella”

Tras este feliz descubrimiento, será el 24 de junio de 1853 cuando tengamos noticia de la primera carta escrita por Pedro de Madrazo sobre Medina Azahara [14]. La misiva está dirigida a Francisco de Borja Pavón y en ella le da cuenta de su regreso a Madrid y le comunica que “han gustado aquí mucho a los inteligentes aquellos pedruscos labrados y ladrillos con relieves que me traje” y que “la Academia de la Historia desea se le diga algo sobre ellos”. También le expresa su intención de dedicar un capítulo íntegro a Medina Azahara en su volumen de Recuerdos y bellezas de España, “donde legaré a la posteridad aquella inolvidable excursión” y le pide que la próxima vez que vaya hasta Córdoba la Vieja recoja para él algunos fragmentos más, estando seguro de que la Academia de la Historia aprobará realizar alguna excavación en el futuro.

En fechas similares a la de la anterior carta escribió Madrazo también a José Saló, cuya respuesta con fecha del 12 de julio conservamos [15]. En ella el pintor, además de tratar asuntos personales relativos a su hijo Nicolás, comenta que éste ha encontrado “un precioso capitel arave (sic) con una inscripcion qe copiará y remitira el novel anticuario”.

No conservamos ninguna misiva de los próximos meses, pero cabe pensar que Madrazo dedicó su tiempo a conseguir los apoyos necesarios en el gobierno para poder iniciar una exploración de los terrenos de Córdoba la Vieja. Eso parecen atestiguar al menos dos documentos conservados en el Archivo Madrazo de la Fundación Lázaro Galdiano de su puño y letra que, por su contenido, han de ser borradores de una carta e informe dirigidos muy probablemente al entonces ministro de Fomento, Agustín Esteban Collantes (1815-1876) [16]. En él se narran los pormenores de la excursión de mayo de 1853 y se hace una pequeña reseña de la importancia de Medina Azahara, intentando sin duda justificar la necesidad de una excavación preliminar y atraer la atención del funcionario. En este documento, además, Madrazo incluye una serie de instrucciones precisas que atañen a la financiación del proyecto y su organización. En su opinión, deberían conformarse dos comisiones, en permanente comunicación: por un lado, una comisión en Córdoba, dirigida por José Saló y Pavón, y por otro una comisión en Madrid, integrada por el propio Madrazo y el arabista Pascual de Gayangos (1809-1897). Madrazo también recoge aspectos como la delimitación de los terrenos a excavar y qué tipo de objetos han de recogerse y dónde almacenarse.

Cabe fechar estos documentos muy a finales de 1853, puesto que el propio Madrazo, en su Córdoba, comenta en nota que consiguió el permiso del gobierno en diciembre de ese año y Gayangos escribe a Pavón en una carta de esas mismas fechas que “Madrazo le habrá informado a V. ya del resultado de las gestiones hechas para desenterrar, si es posible, los tesoros de los Califas y volver a la luz los palacios de Medina Az-zahra” [17].

Unos meses después, en carta fechada en Madrid el 7 de enero, Madrazo cuenta a su hermano Luis que “el ministro de Fomento, entusiasmado con mis pedruscos de Medina Azahara, me ha concedido que se hagan excavaciones en el terreno. Verás cómo desentierro preciosidades. ¡¡Estoy loco de contento!!” [18]. Madrazo retomará este tema en su siguiente carta, escrita con posterioridad al 9 de enero. En ella da más detalles de la concesión del permiso. En concreto, alude a una “larga entrevista” con el ministro para exponerle la conveniencia de iniciar una excavación en Medina Azahara. Por petición de Collantes, Madrazo redactó una memoria y un proyecto de real orden que entregó al ministro. Sin embargo, Pedro, “viendo que no se despachaba el asunto con la prontitud que se me había prometido”, volvió al Ministerio y habló con José María de Mora, nombrado director de Obras Públicas por Collantes unos meses antes, para que averiguase qué ocurría con su memoria [19]. Al parecer, Isidoro Gil y Baus [20] había cambiado deliberadamente de la pila de documentos para firma el informe de Madrazo, lo que hubiera supuesto retrasar el inicio de las excavaciones varios años.

Sea como fuere, con fecha del 5 de enero de 1854 se conserva una Real Orden dirigida al gobernador de la provincia de Córdoba y firmada por el ministro de Fomento en la que se indica que “habiendo dado cuenta a la Reina de una exposición de Don Pedro de Madrazo, individuo de la Real Academia de San Fernando”, se procede a autorizar las excavaciones [21]. Las instrucciones que aparecen han sido tomadas casi literalmente del borrador que Madrazo había realizado y que se conserva en el Archivo de la Fundación Lázaro Galdiano.

Con fecha de 27 de enero, Pavón confirma a Madrazo la recepción de la Real Orden y le recomienda, a fin de conseguir la autorización del marqués de Guadalcázar, propietario de los terrenos, “interesar en el proyecto a un Sr. D. Ramon de Aguilar (sic) su amigo y diz que consejero en muchos negocios domesticos e intimos, sujeto ilustrado y algo dificil de carácter”. Este Ramón Aguilar y Fernández de Córdoba (1787-1863) era un académico y político cordobés cuya ausencia en la comisión, como bien comenta Pavón, no resultaría en absoluto beneficiosa: “podria su susceptibilidad herida suscitarnos contrariedades cuando, alhagandole (sic), tendremos una eficaz ayuda” [22].

A partir de aquí, se desarrolla una intensa correspondencia entre Madrazo y Pavón acerca del estado de las exploraciones, intercambio epistolar en el que también interviene en ocasiones Gayangos y que se prolongará hasta mayo de 1854. A las vehementes cartas de Madrazo, cada vez más impaciente ante el retraso en el inicio de la empresa se oponen las de Pavón, que en cada carta le informa de un nuevo contratiempo, ya fuera este motivado por la ausencia de Saló, la falta de autorización del marqués o problemas con la libranza y recepción del dinero destinado a subvencionar los trabajos.

Pero sin duda la mayor contrariedad llegó a Madrazo en forma de carta redactada por Ramón Aguilar, con fecha de 3 de abril. En ella el académico cordobés comunica a Madrazo su nombramiento como vicepresidente de la comisión pero también la imposición de dos condiciones, hasta entonces desconocidas, para poder excavar en la dehesa: “1ª, que la comisión ha de dejar allanados los terrenos que se desembuelvan o levanten, estraidas que sean las piedras o efectos que utilizare, y las restantes las dejara amajanadas; y 2ª que ni por la Comision ni sus dependientes se ha de poder cortar ni quemar árbol, arbusto ni mata de ninguna especie para uso alguno” [23].

A pesar de todas estas limitaciones, las excavaciones, que apenas durarían unos días, se realizaron a mediados de mayo de 1854, siendo sus resultados bastante discretos. Ramón Aguilar escribió nuevamente a Madrazo el 25 de ese mes para dar cuenta de lo descubierto, comunicando que ya nada más se podía hacer pues otras de las condiciones del marqués era que las exploraciones concluyeran a finales de mayo para “adoptar todas las medidas preventivas para evitar los voraces incendios que frecuentemente consumen los pastizales en la proxima estacion de verano” [24]. Aguilar emplazaba a Madrazo al otoño próximo para continuar excavando y, aunque por una carta de Gayangos dirigida a Pavón parece que hubo intención de reanudar la excavación [25], el segundo, en carta enviada en septiembre de 1854 al arabista, explica que diferentes acontecimientos personales y políticos (entre ellos la muerte repentina de Nicolás Saló por unas fiebres tifoideas y la Revolución de 1854 o Vicalvarada, que tuvo lugar en el verano de ese año) han impedido que se retome el asunto [26].

Puede considerarse una carta enviada por Gayangos a Pavón en junio de 1855 el punto y final de esta empresa arqueológica frustrada: “Puede V. desde luego proceder a rellenar el hueco causado por las excavaciones: no quisiéramos Don Pedro y yo por cuanto el mundo tiene que uno de los chotos del Sr. Marqués se desgraciara por culpa nuestra. Queda pues, definitivamente resuelto que se haga la obra y se paguen los jornales del fondo de la Comisión” [27].

“Donde legaré a la posteridad aquella inolvidable excursión”: Medina Azahara en los escritos de Madrazo

A pesar de la gran decepción que sin duda debió de suponer la interrupción de las exploraciones en Medina Azahara por motivos meramente administrativos, Madrazo no se olvidó de la “hermosa y desgraciada sultana medio insepulta”. Y si bien era consciente de que con toda probabilidad no llegaría a ver jamás en vida la ciudad excavada, aprovechó diversas ocasiones a lo largo de los siguientes años para difundir y dejar constancia de su descubrimiento.

Así, tal como había indicado a Francisco de Borja y Pavón en la carta del 24 de junio de 1853 antes comentada, Madrazo dedicó un capítulo completo de su volumen de Córdoba (1855) para Recuerdos y Bellezas de España a Medina Azahara, volumen que después sería reeditado en Barcelona en 1884. En él daba cuenta de su descubrimiento, indicando brevemente las circunstancias que habían impedido su excavación. Además, en el volumen correspondiente a la edición de 1855 incluyó una lámina con algunos fragmentos de ataurique (presumiblemente los que el mismo Madrazo recogió en el lugar) dibujados del natural y después litografiados por Parcerisa. En la edición de 1884 no apareció esta lámina, pero sí la reproducción de un brocal procedente de Medina Azahara que ya entonces formaba parte de los fondos del Museo de Bellas Artes de Córdoba.

En 1857, en la revista fundada por Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882) Semanario Pintoresco Español, publicó Madrazo en dos pequeños artículos, de título “Los hijos del yermo” y “La dehesa de Córdoba la Vieja”, la narración de la jornada de aquel 27 de mayo de 1853, más arriba comentada [28]. El segundo de los artículos, que reproduce literalmente algunos pasajes del volumen de Córdoba, apareció acompañado por la ilustración de otros cuatro fragmentos de ataurique, copiados del natural esta vez por el pintor toledano Cecilio Pizarro (1825-1886). En la leyenda se indica que son propiedad de Pedro de Madrazo (Fig. 3). Asimismo, en el número 7 de aquel mismo año se reprodujeron, esta vez sin texto, nuevos fragmentos.

Fig. 3. Cecilio Pizarro. Fragmentos procedentes de Medina Azahara, Semanario Pintoresco Español, 1857. © Museo Nacional del Prado, Madrid.

Ya al final de su vida, en torno a 1897, veía la luz en Barcelona un texto sumario de Madrazo para La Arquitectura de España estudiada en sus principales monumentos por el arquitecto Max Junghändel, obra publicada asimismo en Dresde que constaba, además del texto de Madrazo, de 69 fotografías de Junghändel de importantes edificios de la arquitectura española. En este breve texto, lleno de alusiones a publicaciones anteriores suyas, Madrazo dedica un párrafo a Medina Azahara para indicar que “hasta hace pocos años se reputaron invenciones de una exaltada fantasía” [29] acerca de la ciudad palatina y los objetos artísticos que allí se encontraban. Estas ensoñaciones y la creencia extendida de que no se conservaba nada de aquel conjunto acabaron cuando él, en 1853, recogió algunos de los fragmentos dispersos por la dehesa de Córdoba la Vieja y los publicó en su volumen de Recuerdos y bellezas de España, entregando algunos al rey Federico Guillermo IV de Prusia, quien se había interesado por ellos al tener noticia del libro [30].

Madrazo y Medina Azahara en obras contemporáneas

Vistas las publicaciones del propio Madrazo, cabe preguntarse qué repercusión y difusión tuvieron éstas y la propia excavación entre otros académicos e historiadores contemporáneos e inmediatamente posteriores. Así, en el propio año de 1853 Pascual de Gayangos hacía alusión a la excursión de Madrazo en el Memorial histórico español, publicación de la Real Academia de la Historia. Dentro de su artículo “Inscripciones arábigas de Córdoba”, Gayangos introducía una extensa nota al pie en la que mencionaba la redacción de una “descripción artística y monumental de Córdoba” por parte de Madrazo y el descubrimiento de las ruinas de Medina Azahara, lo que zanjaba por fin la polémica acerca de su ubicación. El arabista alude además a los fragmentos recogidos allí y traídos a Madrid –presumiblemente los mencionados por Madrazo en sus cartas– y comenta que “en sentir de este inteligente arqueológo [Madrazo], el palacio pudiera estar casi intacto, salvo el hundimiento de los techos”. [31]

En 1856, en una nueva edición –la tercera– del exitoso Indicador cordobé s, Ramírez de las Casas-Deza añadía un párrafo indicando que “al presente sólo se descubren los fundamentos de la obra y pedazos en abundancia de los arabescos que adornaban los muros, y otros fragmentos y utensilios” [32]. Y en ese mismo año aparece en el Semanario Pintoresco Español una serie de seis artículos firmada por el arabista Francisco Javier Simonet (1829-1897) [33]. Bajo el nombre de “Medina Azzahara. Episodio histórico”, su autor narra la construcción y avatares del conjunto palatino, siendo en la primera entrega, aparecida el 1 de junio de 1856, donde hace alusión al descubrimiento de Madrazo: “El Sr. Pedro de Madrazo (…) ha investigado y descubierto al fin los vestigios y ruinas que se conservan de aquel portento del arte (…) determinando el verdadero asiento que tuvo Medina Azzahra, ignorado o puesto en controversia hasta entonces (…) solamente el amor al arte y buena diligencia con que aquel distinguido escritor ha examinado por sus ojos el terreno, se debe el que hoy pueda fijarse con toda evidencia la verdad del caso”.

Simonet reconoce el mérito de la traducción de Almaqqari por Gayangos, que habría contribuido a corregir los errores de Morales y Conde, pero atribuye sin duda alguna, como hemos visto, el descubrimiento in situ de los restos a Madrazo, resultando llamativa, una vez más, la ausencia de Ponz, Ceán o Ramírez de las Casas-Deza como fuentes.

Dos años después Simonet publicaba en Madrid su Leyendas históricas árabes, incluyendo con algunas variaciones y añadidos el relato dedicado a Medina Azahara que había visto previamente la luz en el Semanario. La principal novedad radica en que el prólogo de esta obra fue realizado por el mismo Madrazo –donde, además de indicar que ha localizado varios fragmentos del palacio, deja patente la poca estima que sentía hacia la obra de José Antonio Conde– y en que para Simonet la ayuda en la localización de la ciudad palatina se debía ya no sólo al libro de Gayangos, sino también “a las indicaciones de algunas personas ilustradas de aquella capital” [34].

Sin embargo, a pesar de las entusiastas palabras de Simonet hacia Madrazo y su descubrimiento, no parece haber rastro de ello en obras posteriores de temática vinculada a Córdoba o al arte hispanomusulmán escritas por otros autores. Sí alude a ello José Amador de los Ríos en una de las notas de su ensayo histórico-crítico El arte latino - bizantino en España y las coronas visigodas de Guarrazar, publicado en 1861. En concreto, menciona las “preciosas reliquias del maravilloso palacio de Medina Zahara” que posee Madrazo. Sin embargo, Rafael Contreras (1826-1890), responsable de la restauración de la Alhambra en los años 1840-1860 e individuo de la Comisión de Monumentos, no alude en ninguno de sus libros sobre arquitectura árabe [35] al intento de excavación o a la publicación por Madrazo o Gayangos de algunos elementos decorativos: “Nada podemos analizar de estos perdidos monumentos”. Y otros autores como Teodomiro Ramírez de Arellano (1828-1909) ( Guía artística de Córdoba de 1896) o Luis Maraver y Alfaro (1814-1886) ( Historia de Córdoba de 1863 y Guía de curiosidades cordobesas de 1866) tampoco parecen conocer o al menos considerar relevante la expedición. Sólo el sobrino de Maraver y Alfaro, César Maraver Cairo, menciona en su obra poética Azzahara, leyenda (1878) que la ciudad se encontraba a tres millas de Córdoba.

El mejor homenaje y reconocimiento a la empresa de Pedro de Madrazo y sus acompañantes (cuyos nombres como hemos visto se perdieron pronto, quedando relegados al ámbito epistolar) lo encontramos sin duda en el artículo publicado en 1906 por Rodrigo Amador de los Ríos (1849-1917) en la revista creada por José Lázaro Galdiano, La España Moderna. Previamente, en 1879, este arqueólogo y erudito había publicado un libro titulado Inscripciones árabes de Córdoba. En él hace referencia a Pedro de Madrazo como “muy docto arqueólogo (…) a quien debe Córdoba el libro más completo que de ella se ha escrito” y alude a los terrenos de Córdoba la Vieja como un lugar “tantas veces explotado y hoy cerrado, por incompresibles escrúpulos, para la ciencia”. Aunque no se mencione de manera explícita, es evidente la referencia a los problemas habidos con el marqués de Guadalcázar, que impidieron cualquier intento de excavación exhaustivo. Sin embargo, Pedro de Madrazo no aparece en esta obra como responsable del descubrimiento y la excavación de Medina Azahara, pero sí se cita en nota el artículo de Ramírez de las Casas-Deza de 1843.

Volviendo a la revista La España Moderna, el artículo fue publicado en julio de 1906, muy pocos años antes de que las excavaciones de Ricardo Velázquez Bosco comenzasen. Con el título de “Una excursión a las ruinas de Medina Az-zahra”, el que sería director del Museo Arqueológico Nacional recuerda, al narrar su propia excursión a Córdoba la Vieja, la realizada por Madrazo en 1853. Y si entonces el proyecto resultó frustrado apenas dio los primeros pasos, “acaso –dice Rodrigo Amador– ahora pueda intentarse algo de lo que pretendía el Sr. Madrazo”.

La polémica silenciosa de Ramírez de las Casas-Deza

Al comienzo de este artículo apuntábamos que en 1837 el historiador cordobés Luis María Ramírez de las Casas-Deza recogía en su primera edición del Indicador cordobés que en Córdoba la Vieja se encontraban restos materiales de la ciudad palatina de Medina Azahara. Además, en 1843, publicó un artículo en el Semanario Pintoresco Español en el que incluía, entre otros objetos arqueológicos procedentes de Córdoba, un ciervo de bronce encontrado en la dehesa de Córdoba la Vieja (Fig. 4). Sin embargo, como también hemos notado, Pedro de Madrazo o Simonet jamás citan a Ramírez de las Casas-Deza como conocedor de la ubicación del conjunto, a pesar de que sabemos que Madrazo conocía personalmente al cordobés, quien incluso llegó a estar en su casa cuando aquel volvió a Madrid de su viaje por Córdoba en junio de 1853 [36].

Fig. 4. Ciervo en bronce de la dehesa de Córdoba la Vieja, Semanario Pintoresco Español, 1843. © Museo Nacional del Prado, Madrid.

Este silencio, sin duda llamativo debido a las relaciones personales que los unían y a que Madrazo era historiador que cita sus fuentes, causó extrañeza y cierta molestia en el propio Ramírez de las Casas-Deza, que plasmó su malestar en sus memorias, publicadas en 1977 [37]. La primera referencia a la presencia de Madrazo en Córdoba la encontramos en el capítulo de sus memorias dedicado al año 1853: “Por Abril de este año vino a Córdoba el dibujante D. Francisco Parceriza (sic), acompañado de D. Pedro Madrazo para sacar vistas y adquirir noticia de los monumentos de esta ciudad de que habían de tratar en la obra que daban y aún dan a la luz, titulada “Recuerdos y Bellezas de España” (…)” [38].

Parece que Ramírez de las Casas-Deza no confiaba plenamente en que Madrazo pudiera llevar a buen término el volumen sobre Córdoba: “D. Pedro Madrazo, el cual es joven de talento y de gusto, pero en mi juicio no tiene conocimientos generales y profundos ni hace los estudios concienzudos que en particular se necesitan para tratar la materia que se ha propuesto, dominándola con superioridad, siendo para esto insuficiente el estudio poco detenido que hace de las poblaciones y monumentos de que tiene que escribir” [39].

Comenta, además, que Madrazo le recomendará a su cuñado Eugenio de Ochoa, por entonces secretario del Consejo de Instrucción Pública, y que partirá de Córdoba el 14 de junio. En los capítulos correspondientes a los años siguientes no son mencionados ni el intento de excavación o la publicación del volumen de Córdoba. Hemos de esperar a la entrada correspondiente a 1857 para encontrar alusiones a Medina Azahara:

En 1853 (…) estuvo en esta ciudad D. Pedro Madrazo; fue con otros sujetos cordobeses a examinar las ruinas del Palacio de Medina Azahara, que todos los cordobeses instruidos saben que estuvo en la dehesa de Córdoba la Vieja; y así extrañamos mucho que se hubiese estampado en un artículo inserto en los números 22, 23, 24, 27 y 30 del Semanario Pintoresco del año pasado [1856], suscrito por un Sr. Simonet, que al Sr. Madrazo se le debía el descubrimiento del sitio de Azahara; que se ignoraba hasta que el Sr. Madrazo había venido a Córdoba [40].

Para sacar de su error a los lectores del Semanario y al propio Simonet parece que Ramírez de las Casas-Deza redactó un artículo que envió a la revista de Mesonero Romanos. Sin embargo, según narra él mismo, pasó el tiempo y el “artículo no se había publicado acaso por malicia del editor Manuel de Assas” [41]. A esta sospecha se sumó que en febrero de 1857 el Semanario publicase de nuevo los dos artículos de Madrazo narrando su excursión a Córdoba la Vieja. Sobre ello, cuenta en sus memorias Ramírez de las Casas-Deza: “Con lo que, lejos de desengañar al Sr. Simonet, confirma esta falsedad el Sr. Madrazo, de quien no esperábamos tal cosa y extrañamos de este señor, que es nuestro amigo, y al que apreciamos por sus recomendables prendas, que haya querido arrogarse una gloria que de ningún modo le pertenece” [42].

Aunque Ramírez de las Casas-Deza expresa en sus memorias su intención de hacer llegar su artículo rechazado a algún periódico local, no nos consta que así lo hiciera ni que compartiera su decepción respecto a Madrazo con alguna amistad común. Al menos, no se conserva ninguna carta sobre ello en la correspondencia que entre las décadas de 1840 y 1860 cruzaron el historiador cordobés y Pascual de Gayangos, a pesar de que Medina Azahara es mencionada en alguna ocasión con motivo de la traducción de inscripciones allí halladas [43].

Conclusiones

Como comentábamos al inicio de este artículo, no será hasta 1911, el mismo año de la promulgación de la Ley de Excavaciones Arqueológicas, cuando, bajo la dirección de Ricardo Velázquez Bosco, se inicie el primer intento serio y continuado de excavación en Madinat al-Zahra. A partir de entonces, las investigaciones en torno al yacimiento se sucederían de la mano de arqueólogos, arabistas y arquitectos como Félix Hernández, Manuel Ocaña o Rafael Manzano entre otros. En contraste, este primer intento de excavación estudiado en las páginas anteriores constituiría, siguiendo la caracterización de Antonio Vallejo, un buen ejemplo, si bien muy breve, de esa incipiente arqueología española de inspiración romántica, filológica, articulada con frecuencia en torno al empeño por localizar y confirmar la existencia de lugares legendarios y emblemáticos y en la que las fuentes históricas y literarias debían ser corroboradas por la realidad arqueológica y material [44].

Por otro lado, en este episodio se plantea una de las problemáticas recurrentes en la historia del yacimiento: los conflictos con los propietarios de los terrenos [45]. Esta situación se solucionaría, ya en el siglo XX, primero mediante el arrendamiento de la superficie a excavar y, finalmente, con su adquisición junto a los materiales localizados. Asimismo, como hemos visto, desde el comienzo se decidió recurrir a la constitución de dos comisiones, integradas por eruditos y académicos tanto de Madrid como de la propia Córdoba, una fórmula, la de la comisión, que se recuperaría tras la muerte de Velázquez Bosco en 1923 para la gestión y coordinación de los trabajos.

En último lugar, este intento de excavación liderado por Pedro de Madrazo, y todo el material generado en torno a ella, nos permite conocer algunos de los principales canales empleados para la difusión de este tipo de hallazgos durante la segunda mitad del siglo XIX, así como las redes de sociabilidad y de intercambio de ideas que se tejían a su alrededor, no exentas de rivalidades y rencillas personales.

Referencias

Fuentes documentales

Archivo de la Fundación Lázaro Galdiano (AFLG). Madrid. Fondos: Archivo Madrazo.

Archivo del Museo Nacional del Prado (AMNP). Madrid. Fondos: Archivos personales. Sección Colección Familia Madrazo.

Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (ARABASF). Madrid. Fondos: Comisión Central de Monumentos Históricos Artísticos.

Biblioteca Nacional de España (BNE). Madrid. Fondos: Mss 19599.

Fuentes bibliográficas

Álvarez Ramos, Miguel Ángel, y Cristina Álvarez Milán. Los viajes literarios de Pascual de Gayangos (1850-1857) y el origen de la archivística española moderna. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2007.

Amador de los Ríos, Rodrigo. “Una excursión a las ruinas de Medina-Azahara.” La España Moderna, no. 211 (1906): 19-48.

Barcia y Pavón, Ángel M. de. “Francisco de Borja y Pavón. Traducciones de poetas latinos.” Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, nos. 4 y 5 (1906): 312-328.

Caveda, José. Ensayo histórico sobre los diversos géneros de Arquitectura empleados en España desde la dominación romana hasta nuestros días. Madrid: Imprenta de Santiago Saunaque, 1848.

Ceán Bermúdez, Juan Agustín. Sumario de las antigüedades romanas que hay en España. Madrid: Imprenta de Miguel de Burgos, 1832.

Conde, José Antonio. Historia de la dominación de los árabes, sacada de varios manuscritos y memorias arábigas. Madrid: Imprenta que fue de García, 1820.

Contreras, Rafael. Del arte árabe en España manifestado en Granada, Sevilla y Córdoba por los tres monumentos principales, la Alhambra, el Alcázar y la gran Mezquita. Granada: Indalecio Ventura, 1875.

–––. Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, El Alcázar y La Gran Mezquita de Occidente. Madrid: Imprenta y Litografía de A. Rodero, 1878.

–––. Recuerdos de la dominación de los árabes en España. Granada: Imprenta de El Defensor de Granada, 1882.

Gayangos, Pascual de. “Inscripciones arábigas de Córdoba.” En Memorial histórico español, t. VI. Madrid: Imprenta y Fundición de Manuel Tello, 1853.

––. The History of the Mohammedan Dynasties in Spain. Londres: M.Duprat sold by W. H. Allen and Co., 1840.

Hernández Giménez, Félix. Madinat al-Zahra. Arquitectura y decoración. Granada: Patronato de la Alhambra, 1985.

Hernández Hernández, Francisca. “Las revistas románticas españolas y su visión del patrimonio arqueológico.” Complutum, no. 9 (1998): 231-254.

Lillo Alemany, Mercedes. “La visión del arte árabe en España en la obra de Pedro de Madrazo.” VII Jornadas de Arte. Historiografía del arte español en los siglos XIX y XX. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1995.

Madrazo, Pedro de. Recuerdos y bellezas de España. Córdoba. Madrid: Imprenta de Repullés, 1855.

–––. “Recuerdos de una excursión por la sierra de Córdoba. Los hijos del yermo. La dehesa de Córdoba la vieja.” Semanario Pintoresco Español, no. 5 (1857): 34-36.

–––. La arquitectura de España estudiada en sus principales monumentos por Max Junghändel. Texto sumario de Pedro de Madrazo. Barcelona: Sucesor de J. M. Fabre, 1897.

Maraver y Alfaro, Luis. Historia de Córdoba. Córdoba: Imprenta y Lit. de D. Rafael Arroyo, 1863.

–––. Guía de curiosidades cordobesas. Córdoba: Imprenta de R. Rojo y Compañía, 1866.

Maraver y Cairo, César. Azzahara, leyenda. Madrid: Imprenta de José Perales y Martínez, 1878.

Morales, Ambrosio de. Las antigüedades de las ciudades de España. Madrid: Oficina de Benito Cano, 1792.

Nieto Cumplido, Manuel. “La arqueología medieval cordobesa en el siglo XIX.” Boletín de la Real Academia de Córdoba, t. LV, no. 106 (1984): 71-103.

Palencia Cerezo, José María. La memoria de Madinat al-Zahra en el Museo de Bellas Artes de Córdoba: Rafael Romero Barros, Ricardo Velázquez Bosco, Mateo Inurria, Enrique Romero de Torres. Sevilla: Consejería de Cultura, 2009.

Ponz, Antonio. Viage de España, t. XVII. Madrid: Imprenta de la viuda de Ibarra, 1792.

Ramírez de Arellano, Teodomiro. Guía artística de Córdoba. Sevilla: Tipografía y encuadernación de Enrique Bergali, 1896.

Ramírez de las Casas-Deza, Luis María. Indicador cordobés. Manual histórico topográfico de la ciudad de Córdoba. Córdoba: Fausto García Tena, 1837.

–––. “Arqueología. Varias antigüedades de Córdoba.” Semanario Pintoresco Español, no. 4 (1843): 29-30.

–––. Memorias de Don Luis M. Ramírez de las Casas Deza. Córdoba: Universidad de Córdoba, 1977.

Saavedra, Ángel María de. El moro expósito o Córdoba y Burgos en el siglo X. París: Librería Hispano-Americana, 1834.

Simón Díaz, José. Aportación documental para la erudición española. Quinta Serie. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1948.

Simonet, Francisco Javier. Leyendas históricas árabes. Madrid: Juan José Martínez, 1858.

Torres Balbás, Leopoldo, y Évariste Lévi-Provençal . España Musulmana hasta la caída del Califato de Córdoba (711 - 1031 de J.C.). Madrid: Espasa-Calpe, 1973.

Vallejo Triano, Antonio. “Problemas de gestión y administración de Madinat al-Zahra desde el inicio de su recuperación.” Arqueología y Territorio Medieval, no. 1 (1994): 17-29. https://doi.org/10.17561/aytm.v1i0.1589.

–––. La ciudad califal de Madinat al-Zahra. Arqueología de su excavación. Madrid: Almuzara, 2010.

Velázquez Bosco, Ricardo. Medina Azahara y Alamiriya. Madrid: Imprenta Artística de José Blass y Cía, 1912.


[1] Para conocer mejor el papel desempeñado por Pedro de Madrazo en la arqueología y la museología españolas pueden consultarse los siguientes artículos: Alegra García García, “Pedro de Madrazo y la Arqueología española del siglo XIX,” en Colecciones, arqueólogos, instituciones y yacimientos en la España de los siglos XVIII al XX, coords. Sergio España Chamorro, Rebeca Arranz Santos, y Alberto Romero Molero (Bicester: Archaeopress, 2018), 145-153 y Alegra García García, “Pedro de Madrazo (1816-1898): aportaciones de un literato e historiador del arte a la historia de los museos en España,” en Historia de los museos, historia de la museología: España, Portugal y América, coords. Francisco Javier Arnaldo, Alicia Herrero, y Modesta di Paola (Gijón: Trea, 2020), 33-37.

[2] La excepción la constituye Manuel Nieto Cumplido (“La arqueología medieval cordobesa en el siglo XIX,” Boletín de la Real Academia de Córdoba LV, no. 106 (1984): 71-103), quien considera a Luis Ramírez de las Casas-Deza responsable de la localización del enclave, mientras que a Madrazo correspondería la difusión del descubrimiento.

[3] José María Palencia Cerezo, La memoria de Madinat al-Zahra en el Museo de Bellas Artes de Córdoba (Sevilla: Consejería de Cultura, 2009). Su autor parte concretamente de la narración incluida por Ángel M. de Barcia y Pavón en “Francisco de Borja y Pavón. Traducciones de poetas latinos,” Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, no. 6 (1906): 312-328.

[4] La Fundación Lázaro Galdiano conserva, como parte del Archivo Madrazo –cuya fecha de ingreso en la biblioteca de José Lázaro se ignora– numerosas cartas enviadas a Pedro de Madrazo desde junio de 1853 hasta mayo de 1854 por diferentes remitentes, así como informes y borradores redactados durante este período de tiempo, todo ello relativo a la localización y excavación de Medina Azahara. Parte de este fondo fue estudiado y descrito gracias al proyecto de investigación La literatura y las artes en epistolarios españoles del siglo XIX. Proyecto I+D+i del Ministerio de Ciencia e Innovación HAR2011-26660. Web del proyecto: http://www.bibliotecalazarogaldiano.es/laee/.

Por otra parte, en la Biblioteca Nacional de España hemos localizado, dentro de la correspondencia de Francisco de Borja Pavón que allí se conserva (Mss 19599), los borradores de carta que este historiador envió a Pedro de Madrazo –que se encuentran en la Fundación Lázaro– así como las cartas remitidas por Madrazo y otras epístolas que cruzó con Pascual de Gayangos y que ya habían sido transcritas y publicadas por José Simón Díaz. En cuanto a la Real Academia de Bellas de San Fernando, su archivo custodia los documentos que recibió en 1859, tras asumir las competencias de la Comisión Central de Monumentos, creada en 1844. Las excavaciones arqueológicas eran una de las cuestiones de las que se encargaba este organismo.

Finalmente, el Museo Nacional del Prado conserva cartas de Pedro de Madrazo como parte de la Colección Familia Madrazo, incorporada en 2012 al archivo de la institución mediante adquisición a una de sus descendientes. Esta importante colección incluye, además, los epistolarios de otros miembros de dicha familia y en los últimos años ha sido objeto de digitalización y publicación en varios volúmenes.

[5] Ambrosio de Morales, en Las antigüedades de las ciudades de España (1575), identificaba las ruinas de Medina Azahara con la Córdoba fundada por Marco Claudio Marcelo en el siglo II a. C. (“la quiso edificar de nuevo tan suntuosa y de tanta magestad”). Según este autor, Córdoba la Vieja habría sido abandonada en algún momento del siglo II d. C. para volver a poblar la actual Córdoba. Esta opinión encontró rápida oposición en autores como Pedro Díaz de Rivas o el padre Martín de la Roa. Sin embargo, la opinión de Morales fue la que mayor difusión tuvo.

Leopoldo Torres Balbás ofrece un rápido pero completo recorrido por todas estas fuentes castellanas anteriores a 1800 en España Musulmana hasta la caída del Califato de Córdoba (711 - 1031 de J.C.) (Madrid: Espasa-Calpe, 1973).

[6] Ángel María de Saavedra, El moro expósito (París: Librería Hispano-Americana, 1834), 97.

[7] Saavedra, 450.

[8] Luis María Ramírez de las Casas-Deza, Indicador cordobés. Manual histórico topográfico de la ciudad de Córdoba (Córdoba: Fausto García Tena, 1837), 9.

[9] Esta información también es incluida en la segunda edición, ampliada, de su Indicador cordobés, que vio la luz en 1847.

[10] Antonio Ponz, Viage de España XVII (Madrid: Imprenta de la viuda de Ibarra, 1792), 75.

[11] José Caveda, Ensayo histórico sobre los diversos géneros de Arquitectura empleados en España desde la dominación romana hasta nuestros días (Madrid: Imprenta de Santiago Saunaque, 1848), 215-216.

[12] Se trata de The History of the Mohammedan Dynasties in Spain publicada por el arabista Pascual de Gayangos en Londres en 1840.

[13] El encargo había recaído inicialmente en Francisco Pi y Margall (1824-1901), quien sin embargo realizó sólo el primer capítulo y parte del segundo. Pedro de Madrazo decidió respetar, al publicar el volumen, la mayor parte del trabajo realizado por el escritor catalán.

[14] Biblioteca Nacional de España (BNE), Mss 19599 p.189.

[15] Archivo de la Fundación Lázaro Galdiano (AFLG), Archivo de Pedro de Madrazo L8 C11-1.

[16] AFLG, Archivo Madrazo L8 C11-2, L8 C11-3, L8-C11-4.

[17] BNE, Mss 19599 p.115.

[18] Archivo del Museo Nacional del Prado (AMNP), Archivos Personales AP:33/Nº Exp:66.

[19] AMNP, Archivos Personales AP:33/NºExp:67.

[20] Isidoro Gil y Baus, literato que en 1849 había contraído matrimonio con Cecilia de Madrazo y Kuntz, hermana de Federico, Pedro y Luis que había fallecido en 1853.

[21] Archivo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (ARABASF), Fondo Comisión Central de Monumentos Histórico-Artísticos, Le-2-47-2.

[22] BNE, Mss 19599 p.193.

[23] AFLG, Archivo de Pedro de Madrazo L8 C13-4.

[24] AFLG, Archivo de Pedro de Madrazo L8 C13-10.

[25] BNE, Mss 19599 p.121.

[26] BNE, Mss 19599 p.123. En carta a su hermano Luis fechada el 26 de mayo de 1854, Pedro de Madrazo también alude a la muerte de Nicolás Saló (AMNP, Archivos Personales AP:33/Nº Exp:69).

[27] BNE, Mss 19599 p.133.

[28] Concretamente aparecieron en los números 3 (18 de enero de 1857) y 5 (1 de febrero de 1857).

[29] Pedro de Madrazo, La Arquitectura de España estudiada en sus principales monumentos por el arquitecto Max Junghändel (Barcelona: Sucesor de J. M. Fabre, 1897), 33.

[30] Pedro de Madrazo, La Arquitectura de España, 33.

[31] Pascual de Gayangos, “Inscripciones arábigas de Córdoba,” en Memorial histórico español VI (Madrid: Imprenta y Fundición de Manuel Tello, 1853), 322-323.

[32] Ramírez de las Casas-Deza, Indicador cordobés, 100.

[33] Se trata de los números 22, 23, 24, 25, 27 y 30, publicados entre el 1 de junio de 1856 y el 27 de julio del mismo año.

[34] Francisco Javier Simonet , Leyendas históricas árabes (Madrid: Juan José Martínez, 1858), 412. Fueron reeditadas por Ediciones Polifemo en 2001 bajo el título Tres Leyendas Árabes, incluyendo el prólogo de Pedro de Madrazo.

[35] Se trata de sus obras Del arte árabe en España (1875), Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba (1878) y Recuerdos de la dominación de los árabes en España (1882). De hecho, en el primero de estos libros llega a indicar: “este sitio que para el viajero y el anticuario no ofrece interés alguno”.

[36] En carta del 24 de junio de 1853 a Francisco de Borja Pavón: “Tengo instalado en mi despacho al Sr. D. Luis Ramírez de las Casas-Deza, leyendo y copiando con afán” (BNE, Mss19599 p.189).

[37] Luis María Ramírez de las Casas-Deza, Memorias de Don Luis M. Ramírez de las Casas Deza (Córdoba: Universidad de Córdoba, 1977).

[38] Ramírez de las Casas-Deza, 146.

[39] Ramírez de las Casas-Deza, 146.

[40] Ramírez de las Casas-Deza, 163.

[41] Ramírez de las Casas-Deza, 163.

[42] Ramírez de las Casas-Deza, 164.

[43] Estas cartas se conservan en la Biblioteca Nacional de España con la signatura Mss 12972/66.

[44] Antonio Vallejo Triano, La ciudad califal de Madinat al-Zahra. Arqueología de su excavación (Madrid: Almuzara, 2010), 19. Para tener una panorámica crítica de las diferentes etapas de las excavaciones y la gestión del yacimiento hasta la actualidad, recomendamos este artículo del mismo autor: Antonio Vallejo Triano, “Problemas de gestión y administración de Madinat al-Zahra desde el inicio de su recuperación,” Arqueología y Territorio Medieval, no. 1 (1994): 17-29, https://doi.org/10.17561/aytm.v1i0.1589.

[45] Sobre la sucesión de propietarios de los terrenos y los usos de estos durante la primera mitad del siglo XX, consúltese Félix Hernández Giménez, Madinat al-Zahra. Arquitectura y decoración (Granada: Patronato de la Alhambra, 1985).