RESEÑA

Revista de Historia del Arte, nº 32 (2026): 341-343 eISSN: 2659-5230. https://doi.org/10.46661/atrio.12922

Rincón García, Wifredo

El escultor Antonio Palao Marco. 1824-1886

Murcia-Zaragoza: Fundación Cajamurcia y Fundación Ibercaja, 2024, 320 págs.

ISBN 978-84-8324-362-6

En 1984 el profesor Wifredo Rincón García publicó en la colección “Biblioteca murciana de bolsillo”, de la Academia de Alfonso X el Sabio de Murcia una monografía titulada El escultor Antonio Palao, fruto de sus investigaciones para su tesis doctoral sobre La escultura del siglo XIX en Zaragoza. 1808-1908 defendida en la Universidad de Zaragoza a finales de 1983.

Ahora, cuatro décadas más tarde, publica una segunda monografía sobre este escultor. Se trata de una obra muy distinta a la anterior, fruto de su madurez como historiador del arte que ha dedicado una gran parte de su investigación a distintos aspectos del arte español del siglo XIX, siendo la escultura en efecto uno de los más importantes.

En la introducción, después de una aproximación historiográfica a la figura y la trayectoria de Palao a lo largo de los siglos XIX y XX, hace consideraciones generales sobre su escultura que define como ecléctica, con las influencias que se advierten en su trabajo, el poso mediterráneo de la escultura barroca murciana, particularmente de Salzillo, la escultura levantina y el magisterio de José Piquer, con su arte realista y académico, ocupándose también de los materiales usados por el artista y precisando que él mismo se encargaba de la policromía de sus piezas en madera, una gran parte de su producción. También de la variada temática de su obra: imágenes religiosas, retratos y escultura monumental, además de algunos trabajos decorativos y hace referencia a la variada documentación que ha utilizado para la redacción de esta extensa monografía.

Articula Rincón la labor con dos bloques cronológicos. En el primero de ellos titulado “Yecla-Valencia-Madrid (1824-1851)” se ocupa desde su nacimiento en Yecla en 1824 y primera formación artística en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (1844-1846), que completó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, entre 1847 y 1850 bajo el magisterio, entre otros, del escultor José Piquer con el que colaboró en 1848 en la restauración de algunas obras de Aranjuez. En Madrid también alcanzó su primera recompensa, una medalla de oro, en la exposición organizada en 1848 por el Liceo Artístico y Literaria por un grupo de Cristo perdonando a la mujer adúltera que fue adquirido por la Reina Isabel II.

En el segundo de los bloques: “Zaragoza (1851-1886)”, mucho más extenso, traza con precisión y detalle la vida del escultor en la capital aragonesa a la que llegó por real decreto de Isabel II de 31 de octubre de 1851, como catedrático de escultura de la nueva Escuela de Bellas Artes de Zaragoza, dedicando un amplio capítulo a la actividad docente de Palao y a su dirección de la Escuela desde 1866 y hasta su fallecimiento. Igualmente, la importante actividad desarrollada por el artista en el seno de la Academia Provincial de Bellas Artes de Zaragoza (Real Academia de Bellas Artes de San Luis) en la que se integró desde su llegada a Zaragoza.

También se ocupa Rincón de lo que él titula “Palao echa raíces en Zaragoza” proporcionando interesantes datos sobre su matrimonio en 1852 con María Concepción Ortubia, fallecida en 1875, con la que tuvo doce hijos, de los que solamente cuatro le sobrevivieron a su muerte en 1886. De entre ellos debemos destacar a Carlos, también escultor y a Luis, pintor e ilustrador.

El aspecto físico del artista aparece recogido en tres retratos. Uno de hacia 1868-1872, obra anónima posiblemente realizada por algún compañero pintor de la Escuela de Bellas Artes y otro de cuerpo entero pintado por su hijo Luis en 1885. También una curiosa fotografía carte de visite, realizada por Mariano Júdez en el periodo 1861-1864.

Aborda el estudio de la obra escultórica cronológicamente, agrupada por los lugares donde se conservan (templo de Nuestra Señora del Pilar) o por el destino de las mismas (pasos procesionales para la Hermandad de la Sangre de Cristo de Zaragoza), además de las imágenes para el retablo del altar mayor de la catedral de Murcia, que documenta con precisión, y los monumentos erigidos a Ramón Pignatelli de Aragón y Moncayo en Zaragoza y Juan Sebastián Elcano en Guetaria (Guipúzcoa). También sus trabajos para la Diputación Provincial de Zaragoza, conservados sólo en parte y las imágenes para el desaparecido retablo mayor de la Casa de Misericordia de Zaragoza.

En el estudio de todas ellas ofrece un riguroso aparato documental además de un preciso encuadramiento histórico y su completa descripción.

A nivel documental debemos destacar por su interés el hallazgo de una “Relación de obras de Antonio Palao de 1877” conservada en el Archivo General de la Administración (AGA), en Alcalá de Henares, que le he permitido a Rincón completar la actividad artística del escultor, llevándole a localizar obras inéditas y, en algunos casos firmadas.

Muy útil resulta el catálogo final del libro, que se eleva a 65 entradas (muchas de ellas múltiples), donde se recoge ordenadamente y siguiendo un riguroso criterio cronológico, toda la obra localizada de Antonio Palao, indicando título, fecha, material, medidas y localización, además de la bibliografía correspondiente. En cada una de las obras se indica el número de la página en la que se estudia y el número de la figura correspondiente si está reproducida, facilitando así al lector el acceso a la información y la localización en la imagen.

Se completa la monografía con la correspondiente y extensa bibliografía. Se trata de un libro de gran tamaño y una cuidada edición y calidad de impresión, que cuenta con 173 y magníficas ilustraciones, muchas de ellas antiguas.

Damos la bienvenida a esta publicación sobre el escultor yeclano afincado en Zaragoza que nos permite conocer no sólo su vida y obra sino, también, el devenir histórico y social de la capital aragonesa a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Monografías como esta –muchos de los escultores decimonónicos carecen de estudios exhaustivos– permitirán completar el conocimiento del arte español del siglo XIX.

Alvaro Pascual Chenel

Universidad de Valladolid, España

0000-0002-0041-8138